5 Agosto, 2017

Expedient X

Fins i tot desenfocada surt guapa.

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24 Julio, 2017

Diumenge Dunkirk

Anar a veure “Dunkirk” al cine Phenomena, un dels pocs del món que la projecta en 70 mm. Que et facin una intro dient que el mateix Cristopher Nolan va acostar-se a la sala per ajustar la imatge i el so. I que, a sobre, et regalin un tros de negatiu de la pel·li, com si sabessin les coses que de debò consideres importants a la vida. I pensar per primera vegada: hi ha res millor que els diumenges a la tarda?

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14 Julio, 2017

Demuestra que eres humano

Me llaman la atención los métodos que usan la mayoría de webs para demostrar que soy humano. Copiar una serie de letras. O hacer una suma del tipo 4 + 1.

¿Pero qué mierda es esta?

¿Es eso lo que me diferencia de un robot? Joder, cuando me cortan la cabeza no suelto un líquido blancuzco que parece semen. Pago autónomos. Y a veces entorno los ojos y cito a Ambrose Bierce para hacerme el chulo.

Eso los putos robots no lo hacen (creo).

Además, si yo fuera un malo malote de los de las pelis de James Bond y hubiera inventado una máquina de inteligencia artificial con la intención de colarme en una web con intenciones ponzoñosas, a lo mejor (y lo recalco: sólo es una hipótesis) le habría instalado una cámara para poder leer las series alfanuméricas. Incluso le habría añadido una calculadora de bolsillo, que no falte de ná.

A lo mejor es que las pruebas para demostrar que soy humano las hacen los robots.

O a lo mejor es que algunos no-robots se están deshumanizando. Y sí, lo habéis acertado: lo digo por una situación concreta que estoy viviendo estos días y que me tiene flipado. Muy flipado.

Lo voy a dejar ahí, en subtexto. No sea que haya robots espiando mi post.

 

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13 Junio, 2017

Tildapatía

Sábado tarde. Leo el capítulo que me ha mandado una alumna de novela. La protagonista tiene visiones donde aparece un enigmático personaje encapuchado. Se quita la capucha y es una mujer rapada al cero: Tilda Swinton.

Sábado noche. Pongo el catálogo de pelis de Movistar y la primera que aparece es Dr. Strange. Me la perdí en su momento, así que vamos allá. A los pocos minutos aparece un personaje encapuchado. Se quita la capucha y es Tilda Swinton.

Joder, casi me caigo del sofá del susto.

Luego pienso: seguro que mi alumna habrá visto la peli. Es una cita.

Y consigo dormir.

Lunes tarde, clase de novela. Le pregunto a mi alumna y no. No ha visto Dr. Strange. Dice que pensó en Tilda porque su rostro era perfecto para esa visión, pero que visto lo visto pondrá el nombre  de otra actriz.

Pero el mal ya está hecho. ¿Casualidad? ¿Superpoder? ¿Tengo que hacer la primitiva?

A veces me doy miedo.

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31 Marzo, 2017

Los rodajes y yo

Voy poco a los rodajes de mis guiones porque lo paso mal. No por falta de confianza en el equipo, sino todo lo contrario. Creo que el guion es la primera pieza de una larga cadena de montaje, y que  cuando entrego la última versión, mi trabajo ha terminado; y esa historia, esos diálogos, esas imágenes escritas que hasta entonces sentía que me pertenecían, pasan a ser propiedad de otros: del director, de los actores, del operador de cámara, del atrezzista.

Pertenezco a una generación y a un país donde la figura del guionista-productor ejecutivo nunca se ha contemplado seriamente, así que hace tiempo que asumí con orgullo mi rol de escribidor profesional y punto. Así que en mi caso, el cine consiste precisamente en eso, en facilitar que ese trasvase de poderes desde la escritura hasta la pantalla sea lo más fluido posible. Y por eso tengo la sensación que  no pinto nada en los rodajes, de la misma manera que me pondría nervioso pillar a los actores espiándome por encima del hombro mientras acabo la última versión del guion.

Eh, y estoy contento así. Después de todo, creo que me ha tocado una de las mejores partes de la criaturita-película: desde que aún no ha nacido hasta que empieza a balbucear sus primeras palabras. Entonces llega el relevo de profesionales, la acogen, la hacen suya y le enseñan a crecer, a tomar forma, a volar por su cuenta. Y al final, en el aterrizaje, pasa a ser de los espectadores.

Ahí sí que suelo disfrutar: viendo en la pantalla en qué se ha convertido esa cosa inmaterial con la que jugaba mentalmente al principio del proceso. Pero en los rodajes me ataca una absurda ansiedad, el mismo miedo irracional que siento ante mi hija adolescente: Oh, Dios, ¿qué estudiará? ¿Conseguirá trabajo? ¿Encontrará una pareja que la quiera como se merece? En fin, como le repetía el vizconde de Valmont a Madame de Tourvel: “No puedo evitarlo.”

 

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28 Marzo, 2017

Proyecto Tiempo

En agosto del año pasado sólo era una idea obsesiva que me impidió hacer vacaciones. Y parece que mereció la pena. Esta semana ha arrancado el rodaje de “Proyecto Tiempo”, y yo más que tranquilo. El bebé está en buenas manos.

 

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19 Marzo, 2017

Para Jordi Gago

Esta es una de las pocos fotos que tengo de él. Es de la época de La Cosa Nostra. Finge hablar por teléfono, pero es mentira. Lo descolgó en el último segundo para “salir más natural en la foto.” Jordi Gago era así: absurdo, imprevisible, un genio (pero de los de verdad, no en el sentido trillado con que últimamente suele usarse esta palabra).

Para ser más preciso, era un genio a contratiempo: no tenía whatsapp, ni facebook, ni twitter, ni Instagram. Ni siquiera tenía móvil. Correo electrónico sí, pero lo usaba lo mínimo y si no había más remedio.

Eso sí: siempre me llamaba el día de mi cumpleaños (mejor dicho: el día antes o el día después, porque llamar el mismo día le parecía “de mal gusto”); y con la excusa de felicitarme hacíamos balance de cómo nos había ido el año. Y os puedo asegurar que no eran charlas cortas, hubo una que pasó de la hora y media. Aún tengo media oreja roja.

Era uno de esos amigos a los que veía muy poco, una vez cada tres o cuatro años. Y sin embargo, cuando se producía el encuentro, era como si acabáramos de vernos el día antes. Como si Jordi fuera mi compañero de piso, mi sombra, mi hermano. Eso es algo que me ocurre con muy poca gente, Jordi, que lo sepas ahora, que nunca te lo dije.

Una vez, a la salida de una reunión con los jefazos ,  le comenté partiéndome de risa: “Joder, no he conocido a nadie que intente colar lo mismo con tanta insistencia”. Porque por esa época llevábamos la tira de reuniones juntos, y él siempre acababa echando mano de su libreta llena de gags que aún no le habían aceptado. Esperaba un mes o dos, y volvía a presentarlos como si fueran nuevos. Y si no salía bien, vuelta a insistir.

Entonces, él se encogió de hombros y murmuró con su rostro impertérrito, a lo Buster Keaton: “Que no te compren una idea no quiere decir que sea mala. A lo mejor los que la han rechazado no estaban preparados en ese momento. ¿De qué sirve que intentes pensar otras?”

Alguien debería esculpir estas palabras. Mientras, por favor, recordad que fue mi amigo Jordi Gago quien las pronunció.

Siempre a tus pies, compañero.

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