Archivo de la categoría: ANÉCDOTAS

L’instant

Entro al bany turc pensant que no hi ha ningú.

M’assec, tanco els ulls uns segons, els obro, i llavors la veig just davant meu.

És impossible saber quina edat té, si és rossa o morena, si també m’está mirant o si s’ha quedat dormida. La boira que ens separa és tan espessa que només li veig els peus i una petita part dels turmells. Té els turmells estrets, els peus petits (un 36, calculo) i les ungles pintades d’un vermell que sembla sang.

Fa poc he llegit els contes de Junichiro Tanizaki, un immens escriptor obsessionat amb l’erotisme dels peus femenins, i potser per això aquesta situació al bany turc em sembla tan literària. Dues persones que no es coneixen, condemnades a contemplar-se els peus al mig d’un silenci que ens permet sentir-nos els batecs dels cors.

Què deu estar pensant? Què fa allí, sola, un dissabte a la tarda? Es deu estar fent les mateixes preguntes sobre mi?

Transcorre el temps i la boira no es mou ni un mil·límetre. Sembla creada per un pintor hiperrealista. Igual que els peus de la noia, completament immòbils. Començo a preguntar-me si es tracta d’una broma i algú hi ha deixat un maniquí.

De sobte, s’aixeca sense dir ni una paraula i surt. En el moment que es tanca la porta crec distingir que duu un banyador negre. Però no n’estic segur. L’instant ja ha passat.

I aquesta és la gràcia, la brevetat de l’escena i el seu final obert. El que fa que un bocí de la realitat, molt de tant en tant, adopti la forma d’un moment perfecte de ficció.

 

5

El hombre que recordaba mi pasado

Viernes 10 de noviembre por la tarde-noche, llibreria Dòria, Mataró.

Termino de presentar “Kentucky”, la primera (y fantástica) novela de mi amigo Aniol Florensa. De pronto se me acerca alguien, un caballero del público al que llamaremos Toni para no desvelar su auténtico nombre (que es Toni Gris), se presenta con mucha educación  y me dice que aún recuerda una historieta que publiqué en una revista de los hermanos de La Salle, cuando ambos estudiábamos allí, sobre la película “Rollerball”.

Me quedo alucinado. Nada más llegar a casa la busco (soy capricornio, nunca tiro nada). La revista se llamaba “Vida y deporte” y en ella yo hacía mis primeros pinitos como desastroso dibujante y peor crítico cinematógrafico. Lo he calculado: tenía 13 años. Esa es mi disculpa cuando le echéis un vistazo.

Lo que me parece verdaderamente fascinante es la memoria de ese personaje, Toni, que vino a llamar a las puertas de mi pasado. Si recordaba eso de mí, más de cuarenta años después, ¿a qué espera para escribir su biografía? Dios, nunca nadie habrá llenado una historia con tantos ni tan minuciosos detalles. Babeo sólo de pensarlo.

Yo creo que Proust tiembla de celos en su tumba.

2

Primer amor

El de la foto soy yo con siete años.

La de la izquierda es mi madre, demasiado alta para el encuadre, y la de la derecha una niña de la Masia de Orrius donde fuimos a pasar las vacaciones del verano del 69. No recuerdo su nombre, sólo que me enamoré locamente de ella nada más verla, pero como yo antes de llevar gafas era muy tímido (y después también) jamás se lo confesé. En vez de eso pensé: lánzale sutilmente un mensaje inequívoco.

Y así lo hice: decidí posar en todas las fotos con la mano en el corazón, pensando que ella acabaría captando mis sentimientos, tomaría la iniciativa, nos casaríamos y seríamos felices.

Por eso salgo en una docena de fotos (que en la época analógica son un montón) en esta extraña postura napoleónica y con esta sonrisa idiota de chaval que intenta esconder que se desangra por dentro.

Luego, un día, mis padres hicieron las maletas, nos dijimos adiós y ahí terminó el cuento.

Borges lo llamó El jardín de los senderos que se bifurcan. Yo lo llamo vida.

 

 

9

Tildapatía

Sábado tarde. Leo el capítulo que me ha mandado una alumna de novela. La protagonista tiene visiones donde aparece un enigmático personaje encapuchado. Se quita la capucha y es una mujer rapada al cero: Tilda Swinton.

Sábado noche. Pongo el catálogo de pelis de Movistar y la primera que aparece es Dr. Strange. Me la perdí en su momento, así que vamos allá. A los pocos minutos aparece un personaje encapuchado. Se quita la capucha y es Tilda Swinton.

Joder, casi me caigo del sofá del susto.

Luego pienso: seguro que mi alumna habrá visto la peli. Es una cita.

Y consigo dormir.

Lunes tarde, clase de novela. Le pregunto a mi alumna y no. No ha visto Dr. Strange. Dice que pensó en Tilda porque su rostro era perfecto para esa visión, pero que visto lo visto pondrá el nombre  de otra actriz.

Pero el mal ya está hecho. ¿Casualidad? ¿Superpoder? ¿Tengo que hacer la primitiva?

A veces me doy miedo.

2

Para Jordi Gago

Esta es una de las pocos fotos que tengo de él. Es de la época de La Cosa Nostra. Finge hablar por teléfono, pero es mentira. Lo descolgó en el último segundo para “salir más natural en la foto.” Jordi Gago era así: absurdo, imprevisible, un genio (pero de los de verdad, no en el sentido trillado con que últimamente suele usarse esta palabra).

Para ser más preciso, era un genio a contratiempo: no tenía whatsapp, ni facebook, ni twitter, ni Instagram. Ni siquiera tenía móvil. Correo electrónico sí, pero lo usaba lo mínimo y si no había más remedio.

Eso sí: siempre me llamaba el día de mi cumpleaños (mejor dicho: el día antes o el día después, porque llamar el mismo día le parecía “de mal gusto”); y con la excusa de felicitarme hacíamos balance de cómo nos había ido el año. Y os puedo asegurar que no eran charlas cortas, hubo una que pasó de la hora y media. Aún tengo media oreja roja.

Era uno de esos amigos a los que veía muy poco, una vez cada tres o cuatro años. Y sin embargo, cuando se producía el encuentro, era como si acabáramos de vernos el día antes. Como si Jordi fuera mi compañero de piso, mi sombra, mi hermano. Eso es algo que me ocurre con muy poca gente, Jordi, que lo sepas ahora, que nunca te lo dije.

Una vez, a la salida de una reunión con los jefazos ,  le comenté partiéndome de risa: “Joder, no he conocido a nadie que intente colar lo mismo con tanta insistencia”. Porque por esa época llevábamos la tira de reuniones juntos, y él siempre acababa echando mano de su libreta llena de gags que aún no le habían aceptado. Esperaba un mes o dos, y volvía a presentarlos como si fueran nuevos. Y si no salía bien, vuelta a insistir.

Entonces, él se encogió de hombros y murmuró con su rostro impertérrito, a lo Buster Keaton: “Que no te compren una idea no quiere decir que sea mala. A lo mejor los que la han rechazado no estaban preparados en ese momento. ¿De qué sirve que intentes pensar otras?”

Alguien debería esculpir estas palabras. Mientras, por favor, recordad que fue mi amigo Jordi Gago quien las pronunció.

Siempre a tus pies, compañero.

11

Observado

Empiezo un curso sobre guión de series pidiendo a mis alumnos que expliquen por qué se han apuntado. Y uno va y salta: “Soy tu vecino de enfrente. Y me llama la atención verte todo el día escribiendo. Por eso he venido.”

Glups.

Iba a dejarlo aquí, pero va,  ampliaré un poquito el comentario…

Que tenía vecinos enfrente no me pilla por sorpresa (es lo que tiene vivir en un piso del Maresme y no en los Monegros). Pero tengo la mesa de espaldas al balcón, y desde pequeño me pone muy nervioso que alguien me mire por encima del hombro mientras trabajo.

Y lo peor es que a partir de hoy tendré que vestirme para estar por casa.

Eso me pasa por preguntar.

 

 

3

15 anys després

Dijous, Rac1 va celebrar el dia mundial de la ràdio posant-la de cap per avall, canviant d’horari els locutors de la casa i convidant “forasters” com Jordi Évole, Josep Cuní, Xavier Sardà… i l’Andreu.

I l’Andreu no va voler fer-ho sol, sinó recuperant el que va ser una mica l’origen de tot el que va venir després: aquell El Terrat de Ràdio Barcelona amb tots els seus veïns: la Padrina, el iaio Pericu, Palomino, el Pixador, Ignasi Sanahuja…

I va ser una bona excusa per retrobar-nos uns vells amics: Fermí Fernandes, Oriol Grau, l’Andreu, Ramon Juncosa. Com sempre, vaig sentir-me un privilegiat de poder assistir a la bogeria dels veïns del Terrat des de primera fila (aquest cop, acompanyat per La Niña d’Shrek).

En un moment del programa, l’Andreu em va dir: “Tu, al començament, deies que no volies tenir fills!” I és veritat. També deia que el dia que deixés de fumar (i fumava entre tres i sis paquests al dia) deixaria d’escriure. Suposo que totes dues coses, el no a deixar el tabac i el no a tenir descendència, anaven relacionades d’alguna manera: eren excuses per continuar aferrant-me a la post-adolescència  i no agafar el toro de la vida per les banyes.

Per sort, vaig canviar a temps: vaig deixar de fumar i vaig continuar escrivint (de fet, més que abans). I vaig decidir-me a ser pare i, després de set anys de parèntesi jugant com un boig amb l’Alba, vaig parir els dos llibres dels quals estic més satisfet: “La vida en siete minutos” i “La niña que hacía hablar a las muñecas”.

Paul Valéry va dir que “Tout commence par une intérruption”. Que és com dir que, per continuar endavant, de tant en tant el millor és aturar-se. És l’única manera d’agafar perspectiva per poder canviar.

Els amics de la ràdio ens vam aturar 15 anys. I l’altre dia, a la planta 15 de la Diagonal, semblava que haguessin estat 15 dies.

Va valer la pena la interruption momés per tornar a prémer el play i veure que milers d’oients ens enviaven missatges d’emoció. Hi ha personatges que formen part d’una generació.

Moltes gràcies a RAC 1 per aquest moment.

http://www.rac1.org/a-la-carta/

3

El plan

No es habitual que un domingo a primera hora dedique un valioso tiempo de mi vida a pensar que si 66 personas decidieran sumarse de pronto a mis actuales amistades de Facebook tendría 999, que vistas al revés serían  666, el número de la bestia, y que eso (teniendo en cuenta que siempre he creído en el poder mágico de los números) podría acabar provocando que mi vida social (en el sentido virtual de la expresión) fuera un infierno. No es habitual, repito, pero el caso es que ni siquiera he desayunado aún y aquí estoy, trazando un desesperado plan de supervivencia: a partir de hoy solo colgaré pensamientos absurdos en la red para evitar que se me añadan más amigos.

Y vosotros diréis: este tío podría estar haciendo cosas más interesantes. Pues a lo mejor. Pero lo primero es lo primero.

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