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Resumen del discurso navideño de S.M.El Rey 2017

Españoles,

Si la gente normal vencimos a Tejero (olé tus huevos, papá), a ETA, al terrorismo islámico y a las cuatro plagas de Egipto, tranquilos que lo del desafío catalán está chupado. Y ya para acabar, hay otros temas que me preocupan mucho, y que paso a enumerar como si me sudaran la polla: el paro, el medio ambiente, si existen los agujeros de gusano y dónde está Wally en las páginas 7,18 y 33 del libro que estoy leyendo este año.

Nada más, que se me acumula el trabajo (jajajaja, y dice Leti que no tengo sentido del humor).

Feliz Navidad, Merry Christmas, Expecto Patronum.

Vuestro amado Rey, el Watchmen campechano de la Democracia.

PD: os dejo con unas fotos familiares tan bonicas que, sin duda, os harán desistir de cualquier sueño febril republicano.

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A S.M. el Rey

Majestad:

Ayer vi su discurso por televisión y me pareció amenazante.

Me dolió, porque usted estuvo en Catalunya no hace mucho, solidarizándose con las víctimas de los atentados de la Rambla y Cambrils, y supuse que le dolería algo, un poquito, ver el domingo por televisión a algunos de esos mismos catalanes que en agosto lloraban la tragedia, siendo  zarandeados, heridos, machacados  por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado en su actuación totalmente proporcionada.

Fíjese que no le estoy diciendo que el referéndum fuera legal o no, ni que el gobierno ni sus jueces ni fiscales tuvieran o no la potestad para mandar tropas por tierra mar y aire  a defender su (indivisible) patria. No entraré en ese terreno. Simplemente quiero hacerle una observación en la que, tal vez, no cayó antes de preparar su discurso: Majestad, Catalunya lleva muchos años saliendo a la calle y nunca ha pasado nada. Ni un brote de violencia, ni un herido, nada. En cambio, el domingo 1 de Octubre de 2017 sí pasaron desgracias. Alrededor de 900 heridos civiles y algunos (cuesta ser más preciso cuando al ministro Zoido le  bailan constantemente las cifras) por parte de los que esgrimían las porras, las pelotas de goma y los gases lacrimógenos contra gente de todas las edades, ancianas, mujeres y niños incluidos. Creo, humildemente, que como Rey debería haberse referido en primer lugar a esas víctimas colaterales: civiles y policías. Y haber dicho que, como Rey de todos los españoles, sentía un profundo pesar por su estado de salud, al tiempo que se solidarizaba con todas sus familias.

Eso le habría escrito yo si me hubiera encargado el guion. Y no, créame que no le estoy pidiendo trabajo.

Pero su mensaje fue otro desde el principio. Me pareció que sólo pretendía dirigirse al resto de España y a esa parte (legítima, por supuesto) del pueblo catalán que el domingo decidió no ir a votar. A estos últimos vino usted a decirles que entendía cómo se sentían: acongojados por lo que sucede, por cómo lleva el govern de la Generalitat el país, malditos nazis (esto último es subtexto, por el tono). Pues mire: no tengo ni idea de cómo se sienten los catalanes buenos, pero sí puedo decirle que nosotros, los otros, esos pocos millones que nos reunimos de vez en cuando ante un colegio electoral, o en la calle para pedir que nos escuchen, nos sentimos muy bien, gracias, cuando nos vemos sonreímos (aunque no nos conozcamos de nada) porque no hay odio en nuestros corazones, simplemente esperanza. Esperanza y una fuerte convicción de que en el siglo XXI no es nada monstruoso salir a la calle unidos a gritar y a cantar nuestras aspiraciones. Lo digo por si alguna vez quiere acordarse también de nosotros, como españoles que aún seguimos siendo, y alegrarse por nuestra felicidad, aunque no la comparta.

Mire: tengo una hija de dieciocho años. Se llama Alba, como la duquesa de o como la canción de Aute. Pues bien: este domingo pudo votar por primera vez. Pasó la noche en el colegio electoral y luego, por casualidad, le tocó ser la encargada de entrar una de las bolsas de basura que contenía lo que usted ya sabe, ese objeto demoníaco con una ranura por donde se introducen papeletas  y que, al parecer, nos ha convertido en una amenaza para el conjunto del estado. Vivimos en Premià de Mar (un pueblo del Maresme, que es una comarca, como la comarca de los hobbits pero con las vías de la Renfe y la N-2 separándonos de la playa), y ahí,por suerte, no pasó nada. Bueno, sí: a media tarde pasaron dos coches de la guardia civil, pero no pararon. Al terminar el día, mucha gente aplaudía a mi niña, la felicitaba por haber puesto su grano de arena a la votación. Yo soy de lágrima fácil, me contuve en directo, pero me sentí orgulloso de ella, incluso más de lo que ya me sentía hasta ahora.

Ayer, Jornada de Huelga General en Catalunya como protesta por las hostias que  recibimos el domingo, fuimos en familia a manifestarnos (y esta vez no hubo violencia, a lo mejor porque sus policías no salieron del hotel). ¿Sabe lo primero que hizo Alba nada más volver a casa? Buscó la partitura de “Els segadors” (es nuestro himno nacional, Majestad) y cuando usted terminó el discurso salió al balcón a tocarlo con el saxo. Aquí abriré un breve paréntesis: vivimos en una comunidad de 600 vecinos, con unas condiciones acústicas estupendas, y mi hija lo clavó. Fue muy bonito oír las notas de nuestro himno bajo la luz de la luna, y el coro de vecinos entonándolo (vale, a lo mejor no sonó como el de los trabajadores del Liceu, pero me puso la piel de gallina). Luego, aplaudieron a mi hija y empezó la cassolada (que es nuestra manera más violenta de pedir democracia: golpeamos una inocente cazuela con una cuchara; espero que la Constitución no considere eso kale borroka). Disculpe por la broma tonta, es humor catalán.

No le hago perder más tiempo. Podría comentarle otras cosas de su discurso, pero dejémoslo en que no me pareció el mensaje de un Jefe de Estado al que la Ley obliga, en teoría, a ser equidistante para todos. Parecía más bien el mensaje de un portavoz furibundo del PP. No se ofenda. No, no creo que eso le ofenda. También creo que colocar una bandera española y un trocito de la europea a su izquierda, así, como diciendo entre líneas que España va unida a Europa y Catalunya no, dice mucho intelectualmente sobre su director de atrezzo. Invítele a un chupito de mi parte cuando lo vea.

Y nada más. Le pido, por favor, que levante el dedo del botón rojo del 155 en nombre de la sensatez humana, porque fue un arrebato de insensatez castrense y no la cordura lo que condujo al golpe de Estado de Franco del 36. Y usted es demasiado joven y campechano para compararse con según quién. Se lo pido en nombre de mi hija, de mi mujer y de mi madre, María Cuenca Matallana, que era de Cehegín pero se sentía catalana hasta las patas de las gafas: murió el 2 de enero de este mismo año, perdiéndose tristemente algunos momentos históricos con los que estoy seguro que se habría emocionado. De pequeño me dijo una vez: “Que ningú t’obligui mai a fer el que tu no vulguis” (“Que nadie te obligue nunca a hacer lo que tú no quieras”, nota del traductor). Desde entonces he intentado aplicarlo siempre, y por ahora no me quejo: me siento bien por dentro, porque la libertad es como tomar Activia cada mañana pero gratis.

¿Se siente usted así, Majestad? Porque ayer no me dio esa impresión.Y lo siento. Póngale remedio. Aún está a tiempo.

Atentamente,

un catalán.

 

 

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El plan de Cerebro

He tardado meses, años, en descubrir su maquiavélica farsa. Yo también creía que Rajoy era el presidente más cortito de la historia de la democracia. Yo también esperaba ansioso ese nuevo corte de vídeo con su (pen)última metedura de pata, esa frase de tonto del pueblo en el peor contexto, esa expresión de idiotez supina en su rostro. Yo también creía que en vez de un presidente normal nos governaba un chascarrillo. Pero no. Hoy la punta del ala de un ángel de la lucidez debe de haber rozado mi frente porque, por fin, lo he visto claro: Mariano es listo, muy listo, el cabrón. Si no fuera porque él es real (o eso dicen), no tendría por qué envidiar a los grandes genios del mal que le precedieron: James Moriarty, Ozymandias, Kaiser Soze o El Joker.

Voy a decirlo ya: mi tesis (y a la mierda los “presuntamente”, estoy seguro de ello) es que ha sido este hombrecillo aparentemente inútil (al que a partir de ahora llamaré Cerebro) quien ha filtrado la charla entre Jorge Fernández Díaz y el Innombrable de l’Oficina Antifrau.

Sí, claro: en cualquier país civilizado sería un plan suicida. En cualquier país civilizado, un ministro de Interior pillado in fraganti utilizando los mecanismos de estado (perdón: utilizando a un topo chulito, de palco de Bernabeu, infiltrado en los mecanismos de estado de una nación sin estado) dimitiría o sería cesado de modo fulminante; y el presidente que lo escogió se pondría rojo de vergüenza hasta las raíces del pelo mal teñido y tendría que dar explicaciones públicas de por qué su partido merece seguir llamándose demócrata. Pero esto es España, amigos. España, coño, con dos cojones. Un lugar por el que campó a sus anchas durante cuarenta años un dictador; y que cuarenta y un años después de que estirara la pata dejándolo todo atado y bien atado, sigue sin pedir perdón ni Dios ni su puta madre, siguen las cunetas llenas de cadáveres, sigue el PP viviendo de los votos de muchos de los que salieron inmunes y de sus descendientes.

Perdón: había olvidado el trankimazín de la mañana. Ya está, retomo el hilo.

Pensadlo bien: todo encaja…

Uno, Cerebro sabe que por grave que sea el JFDgate, nadie (al menos nadie que a él no le sude la polla) le pedirá responsabilidades; empezando por la prensa, que ha mandado a sus mejores periodistas a Venezuela y a seguir muy de cerca a La Roja y a Piqué.

Dos, en Catalunya, Jorge Fernández Díaz iba a quedar último otra vez. Igualmente, a la mañana siguiente del 26-J, Cerebro tenía previsto llamarlo al castillo, atarlo a una silla y ofrecerlo como desayuno a los perros famélicos del PP. Así que a la porra con los gritos escandalizados de los catalanes. El domingo no van a votar a Jorgito. ¿Y?

Y tres, y ahí vamos: la filtración servirá para demostrar que un popular hace lo que sea para mantener España unida. Si hay que arremangarse y bajar al fango a liarla parda, pues se baja. Y eso sí que va a representar un montón de votos más de los buenos patriotas que pueblan la piel de toro.

Jaque mate en tres jugadas. Genial.

Mientras, Cerebro sigue representando su papel a la perfección. Yo también creía que era nuestro Forrest Gump autóctono, un papanatas que lo veía pasar todo sin hacer nada, sentado con una caja de los chuches en la parada del bus del sistema y con un himno chabacano de fondo.

Y resulta que el tonto era yo.

La alternativa es demasiado espantosa.

 

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Buenos propósitos

Este 2014 voy a ser mejor persona. Por citar cuatro ejemplos…

Voy a dar asilo a Snowden.

Iré al gimnasio, cuidaré el colesterol, cenaré ensalada cada noche.

Me convertiré en Gallardón un par de horas, convocaré a los medios y diré que lo de no abortar ni en dibujos animados era una broma, y que las mujeres, faltaría más, pueden hacer con su cuerpo y con su vida lo que les dé la gana, sin que venga ningún ministro facha, machista y ebrio de notoriedad a dictarles lo correcto. Luego, ya de paso, aprovecharé que sigo en el cuerpo de Gallardón para volver a caerme unas cuantas veces por las escaleras de su casa, a ver si esta vez me rompo algo más de un par de costillas. Por nada, como penitencia por el resbalón.

Les diré más a menudo a mis seres queridos que les quiero. No cantaré tan alto en la ducha a las siete de la mañana. No mezclaré el vino tinto con el vermut blanco.

Me convertiré en Wert  y, mientras me descojono, diré a los medios que todo lo que he hecho como ministro era una apuesta con un cuñado, una tontería de nada para ver cuánto aguantábamos sin huir por piernas a un lugar civilizado. Luego (siempre con esa sonrisa chulesca, retadora, que caracteriza a este personaje tan gallardo e independiente) me quemaré a lo bonzo. Así, con un par. Un segundo después, en alguna UVI olvidada de la mano de Dios, la cultura y la educación de este país empezarán a recuperar el pulso.

Voy a reciclarlo todo todo todo. Voy a hacer microdonativos constantemente. Y voy a aprender inglés. Pero inglés del bueno, rollo nativo y tal. Esta vez en serio.

Me convertiré en el President balear, José Ramon Bauzà, y diré que lo de prohibir les quatre barres en las escuelas mallorquinas no tiene nada de nazi. Nazi es el catalán que intenta seguir siendo catalán en Catalunya (¡qué hijoputa, habrase visto mayor desfachatez!) , o el valenciano que aspira a tener un canal de televisión público en valenciano y con unos informativos que no abran cada día preguntándose lo mismo: “¿Por qué Rita Barberà no aparece en el calendario Pirelli?”

Saldré más a menudo y, cuando salga, me relacionaré un poco más con la gente. No esperaré a que llueva para limpiar el coche. Y cualquier día dejaré de tomar ansiolíticos. Es fácil, de verdad. Podría dejar de tomarlos ahora mismo si no fuera porque aún no estamos en 2014.

Me transformaré en Rajoy y, de algún modo, dejaré de ser patético. Y luego en Rubalcaba y lo mismo. Y seré Pere Navarro, me miraré al espejo, veré a Rubalcaba sonriendo y comprenderé que algo extraño está ocurriendo con mi vida.

¡Ah! Y haré mucho más a menudo el amor; en sitios atrevidos y en posturas raras. Complicadísimas. Tanto que,  a lo mejor, algún vecino de los que me espía lo graba en vídeo y lo cuelga en youtube, el manager del Cirque du Soleil lo ve, exclama “Mon dieu!” (o algo en francés), me contrata bajo el alias de “L’Elastique Wrass, el Hombre de goma” y, por fin, descubro a los cincuenta y un tacos mi verdadera vocación: contorsionista.

Y nada, poca cosa más: a lo mejor me hago ministro o conseller de economía y de trabajo y me avergüenzo tanto de mí mismo que me hago travelo para que no me reconozcan por la calle los que estoy matando de hambre; o me hago uno de sus compinches banqueros o empresarios chanchulleros y me meto en la cárcel y tiro la llave; o el 9 de noviembre me levanto temprano, como siempre, y voy a votar “Sí” y “Sí”. Aunque lo más probable es que si cumplo mis buenos propósitos, a esas alturas de año ya domine mi nuevo idioma y pueda decir “Yes” y “Yes” con un acento más que convincente.  Luego, contradictorio como siempre, seguiré escribiendo en castellano, este idioma que, como dicen la Camacho, los de Ciutadans y cuatro personas más muy bien informadas, no permiten aprender bien en Catalunya.

Y así, como decía mi abuela, qui dies passa, anys empeny. 

Feliz 2014.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Asco de derecha

La derecha da asco en general, pero en España más. Será por esa mierda de transición, tantas veces elogiada, y que a la larga sólo sirvió para que no se juzgara a nadie por sus crímenes de guerra, para que algunos cerdos franquistas siguieran chupando del bote varios lustros más y para que la extrema derecha no necesite más que un partido supuestamente de centro para seguir influyendo en el poder.

La derecha en España da asco, porque cuando está en la oposición miente para llegar al poder; y, cuando ya lo tiene, sigue mintiendo para conservarlo. Pero con más chulería.

El ejemplo más reciente es su actual campaña contra  la Plataforma de afectados por la Hipoteca. Seguir leyendo Asco de derecha

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Independència

Un 11 de septiembre de hace treinta y cinco años, mi amigo Jordi Pagès y yo (que teníamos catorce) empuñamos nuestras senyeres estelades (de las JSAN, creo recordar) y nos despedimos de mi abuela materna, la iaia Isabel, que tomaba el sol como una lagartija en el balcón del piso de mis padres.

-¿Adónde vas, hijo?

-A pedir la independencia, iaia.

Ese día, en el Fossar de les Moreres, gritamos aquello de “Ni Espanya, ni França, Països Catalans”, se quemaron algunos símbolos, hubo mucho follón y corrimos delante de los grises, que debían de haber desayunado poco porque no nos alcanzaron. A la vuelta, me asomé de nuevo al balcón para saludar.

-Ya estoy aquí, iaia.

-¿Qué, hijo? ¿Os la han dado, os la han dado?

De esta anécdota, repito, hace treinta y cinco años. Sí, vale, por pedir que no quede. Mientras, el tiempo va pasando.

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España

A lo mejor saldría a cuenta hacer lo que se hace cuando algo no funciona: exigir que nos devuelvan el dinero.

A lo mejor saldría a cuenta dejar de esperar algo decente de esa gente con corbata que aplaude sin rubor  sus propias mentiras.

A lo mejor saldría a cuenta subastar por Ebay todos los gadgets militares y dejar que alguno de nuestros miles de países enemigos (o, incluso, una malvada civilización extraterrestre con garras mutantes y fobia al rojo y gualda) nos invadiera. Peor no nos iría.

A lo mejor saldría a cuenta apostar en I+D, aunque sólo fuera por inventar Matrix y poder mandar al campechano Rey y a toda su estirpe a chupar de un bote virtual.

A lo mejor saldría a cuenta disfrazarse de minero. Todos. Con pico y pala. Y esperar a esos canallas, uno a uno, en una calle oscura. Sólo para darles un sustito.

A lo mejor saldría a cuenta eliminar el fútbol por decreto ley, para que a nadie le quedara esa expresión de gilipollas por haber estado gritando “Españaaaaa” una semana antes del gran batacazo.

En serio.

A lo mejor saldría a cuenta.

Lo digo por reconvertir en pensamientos positivos toda la mala leche que ellos, y solo ellos, se empeñan día a día en inculcarnos.

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La derrama

Vivo en una comunidad con muchos bloques y cerca de un centenar de pisos. Eso se traduce en  navajazos en las reuniones de vecinos. Sin embargo, hay temas que se aprueban porque no hay más huevos. Por ejemplo: el pasado año se detectó humedad en la fachada, nos presentaron un informe técnico, varios presupuestos, y  nos tocó pagar un pastón de derrama, seiscientos euros por piso.

Por lo visto, ahora, con lo de Bankia, la torta nos sale todavía más cara: quinientos euros por vecino de esa cada vez más decadente comunidad llamada España. He dicho por vecino, sí, no por familia. Como en casa somos tres, eso son mil quinientos euracos.

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El mundo está cambiando

Siento cierto pudor al confesarlo: no entiendo nada de economía. Al parecer, siendo europeo esto es gravísimo, casi tanto como ser hombre y no saber nada de neumáticos de Fórmula 1. Pero es así. Todo empezó en el Instituto, cuando tuve que copiar de Anna Xarrié, la chica de al lado, para aprobar las mates con un cinco justo. Y, con el tiempo, la cosa ha ido a peor, hasta el extremo que en casa es mi mujer la que controla las tres libretas de La Caixa: las dos nuestras y la del Super 3. Así que mi cabreo ante la que está cayendo es un pataleo de garrulo, de tío que vive en su burbuja, incapaz de comprender ni jota de estos complicados mundos del FROB, el FAAF  y la madre que los parió a todos.

Bueno ¿y qué?

Me jode que por culpa de los recortes la gente tenga que retorcerse de dolor en un pasillo de urgencias mientras Rodrigo Rato y su sustituto (ese tipo que parece el hermano del Opus de Chuck Palahniuk, el que se había jubilado con una millonada y que ahora regresa para hacernos un favor a todos) se zampan unos centollos a nuestra salud. Seguir leyendo El mundo está cambiando

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Charla en La Zarzuela

-¿Te he comentado que Sofía odia el humo? -pregunta el Rey, pero Mariano, que no atiende a indirectas ni de Dios desde que tiene mayoría absoluta, sigue chupando su puro largo y grueso como un antebrazo.

-Majestad -dice-: he venido a decirle que voy a salvar España. Pero para eso voy a tener que dar por saco a mucha gente. En realidad, a la mayoría de españoles. Los muy pobres, pobres, de clase media y media-alta, básicamente.

-¿Y qué problema hay? Mientras ganemos la Eurocopa…

-¡Es que no puedo esperar tanto! Esa maldita zorra me está presionando. Seguir leyendo Charla en La Zarzuela

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