Archivo de la categoría: CINE Y TV

Dos estilos

Después de cierto tiempo escribiendo para gente de lo más diversa creo que  existen dos tipos básicos de directores: los que ningunean sistemáticamente el trabajo de sus subalternos (para que nunca olviden quién manda), y los que intentan  que hasta el último mono de su equipo se sienta valorado.

Los mejores guiones los he escrito para los segundos.

Los primeros suelen durar en su cargo, incluso más de lo razonable.

 

4

Un cuadro de Manet

Ayer vi Frantz, la película de François Ozon, donde el cuadro de Manet Le suicidé tiene un especial protagonismo. Y me acordé de un fragmento de mi novela La niña que hacía hablar a las muñecas. Ya sé que no es gran cosa, pero si me dejaran salvar cinco o seis páginas de todas las que he escrito, éstas estarían entre ellas…

 

Cada periódico olía de un modo distinto. La Croix, por ejemplo, apestaba a incienso y le hacía estornudar. Le Figaro tampoco le gustaba, porque desprendía un ligero tufo a queso rancio. La Presse no estaba mal, algo dulzona para su gusto. En cambio, su favorito, L’Écho de Paris, olía siempre a jugoso filete con pimienta. Era abrirlo, agitarlo suavemente y ponerse a salivar. Antoine adoraba la carne poco hecha.

Había un redactor en especial, Henri Village-M., que le tenía conquistado. No estaba asignado a ninguna sección en concreto. El domingo podía opinar sobre la economía mundial con grandes titulares y al día siguiente lanzarse a una apasionada crónica deportiva. Pero su estilo era inconfundible. En vez de limitarse a contar lo ocurrido, conseguía que el lector se encontrara allí, viviendo los hechos al mismo tiempo que sus protagonistas. Para conseguirlo, iba sembrando todo el texto (la noticia, el comentario, lo que fuese) de una multitud de descripciones y diálogos, de detalles tan minuciosos que uno, sin darse cuenta, llegaba al final de la lectura conteniendo el aliento, preguntándose si aquello había sucedido realmente de ese modo o si se trataba del caprichoso invento de un genio literario.

En la edición del 7 de noviembre hablaba de la muerte del poeta Jacques Rigaut. Para hacerlo, usaba una estructura sorprendente. Comenzaba remontándose al año 1877, en el instante en que el pintor Édouard Manet sufrió uno de sus más legendarios arrebatos. Se encontraba en su taller de la Rue Saint Pétersbourg charlando animadamente con su amigo Zacharie Astruc (bromeaban sobre el hecho de que este último sostuviera un libro de poemas de alto voltaje erótico en el óleo de Henri Fantin-Latour Un atelier aux Batignolles) cuando, de pronto, Manet cambió de expresión, agarró con fuerza la mano de su amigo y la mordió, haciéndole sangrar.

–¿Te has vuelto loco?

–Debo hacerlo, Zacharie. Un hombre va a morir.

Rápidamente, empapó un dedo en la sangre y trazó una línea en zigzag en el centro de un lienzo en blanco. Luego cogió un pincel y, en pocos segundos, esbozó el resto, convirtiendo ese rojo brutal en la eterna herida en el pecho de Le suicidé, una de sus obras más sobrecogedoras. Hasta aquí, la anécdota histórica. Lo realmente extraño, según el artículo, era que el cuadro era la imagen exacta de la muerte de Rigaut. Como si Manet la hubiera presenciado más de medio siglo antes.

Todo coincidía.

El cuerpo desplomado sobre la cama pero con los pies todavía apoyados en el suelo, como si la muerte solo le hubiera afectado de cintura para arriba y Rigaut se dispusiera a levantarse de un momento a otro.

Los zapatos resplandecientes, recién lustrados, tal vez intuyendo que en el más allá no sería fácil encontrar betún.

El revólver negándose a caer de la mano derecha.

El rojo beso mortal en la camisa blanca.

Las sábanas blancas, la almohada blanca, las paredes blancas.

La colcha empapada de la sangre del poeta.

Henri Village-M. añadía a continuación una serie de datos estrictamente periodísticos: Rigaut se encontraba alojado en el Gran Hotel de la ciudad de Palermo a la espera de ingresar, al día siguiente, en la clínica de desintoxicación Kreuzlingen. Se había hecho acompañar por su amiga Carla Orengo, la sensual mujer de raza negra que, según algunos rumores, rivalizaba con Rita Malú por el corazón de Picabia. Al parecer, ella dormía en la habitación contigua cuando Rigaut apretó el gatillo.

El disparo no la despertó.

No oyó el gemido de Rigaut, sorprendido porque la bala, esta vez sí, había conseguido escapar del vetusto revólver de su abuelo (no habría sido la primera vez que accionaba el percutor y no ocurría nada).

No oyó el golpe seco que hizo el arma al caer sobre la alfombra, ni los aspavientos del aspirante a suicida postrándose de rodillas en el suelo, incapaz de gritar, ahogándose en su propia sangre, arrastrándose desesperadamente en busca de ayuda. No le oyó intentar abrir la puerta que comunicaba las dos habitaciones, ni sollozar para sus adentros como una cuerda de violoncelo tañida por un soplo de brisa cuando la encontró cerrada. No le oyó golpear la madera débilmente. Arañarla. Entonces Rigaut debió de calcular las pocas fuerzas que le quedaban y tomó la decisión de regresar a la cama. Fue su última odisea y la más costosa de su vida, más que los dos largos días que había pasado perdido en la selva de Port Actif, aullando a los cuatro vientos su obsesivo amor de juventud por Georgia O’Keeffe.

Coger de nuevo el revólver.

Ponerse en pie centímetro a centímetro.

Dejarse caer de espaldas sobre el colchón, con los brazos en cruz, al fin convertido en un cadáver.

Era anatómicamente imposible que hubiera hecho todo eso después de dispararse. La bala le había atravesado el corazón. Sin embargo, lo hizo. Había informes de la policía que lo demostraban.

¿De dónde, pues, sacó las fuerzas?, acababa preguntándose el autor del artículo. Según él, solo existía una respuesta posible: de su exorbitante ego de artista. Alguien como Rigaut no podía morirse de cualquier manera, renunciando a inspirar póstumamente a Édouard Manet.

2

Diumenge Dunkirk

Anar a veure “Dunkirk” al cine Phenomena, un dels pocs del món que la projecta en 70 mm. Que et facin una intro dient que el mateix Cristopher Nolan va acostar-se a la sala per ajustar la imatge i el so. I que, a sobre, et regalin un tros de negatiu de la pel·li, com si sabessin les coses que de debò consideres importants a la vida. I pensar per primera vegada: hi ha res millor que els diumenges a la tarda?

4

Los rodajes y yo

Voy poco a los rodajes de mis guiones porque lo paso mal. No por falta de confianza en el equipo, sino todo lo contrario. Creo que el guion es la primera pieza de una larga cadena de montaje, y que  cuando entrego la última versión, mi trabajo ha terminado; y esa historia, esos diálogos, esas imágenes escritas que hasta entonces sentía que me pertenecían, pasan a ser propiedad de otros: del director, de los actores, del operador de cámara, del atrezzista.

Pertenezco a una generación y a un país donde la figura del guionista-productor ejecutivo nunca se ha contemplado seriamente, así que hace tiempo que asumí con orgullo mi rol de escribidor profesional y punto. Así que en mi caso, el cine consiste precisamente en eso, en facilitar que ese trasvase de poderes desde la escritura hasta la pantalla sea lo más fluido posible. Y por eso tengo la sensación que  no pinto nada en los rodajes, de la misma manera que me pondría nervioso pillar a los actores espiándome por encima del hombro mientras acabo la última versión del guion.

Eh, y estoy contento así. Después de todo, creo que me ha tocado una de las mejores partes de la criaturita-película: desde que aún no ha nacido hasta que empieza a balbucear sus primeras palabras. Entonces llega el relevo de profesionales, la acogen, la hacen suya y le enseñan a crecer, a tomar forma, a volar por su cuenta. Y al final, en el aterrizaje, pasa a ser de los espectadores.

Ahí sí que suelo disfrutar: viendo en la pantalla en qué se ha convertido esa cosa inmaterial con la que jugaba mentalmente al principio del proceso. Pero en los rodajes me ataca una absurda ansiedad, el mismo miedo irracional que siento ante mi hija adolescente: Oh, Dios, ¿qué estudiará? ¿Conseguirá trabajo? ¿Encontrará una pareja que la quiera como se merece? En fin, como le repetía el vizconde de Valmont a Madame de Tourvel: “No puedo evitarlo.”

 

1

Para Jordi Gago

Esta es una de las pocos fotos que tengo de él. Es de la época de La Cosa Nostra. Finge hablar por teléfono, pero es mentira. Lo descolgó en el último segundo para “salir más natural en la foto.” Jordi Gago era así: absurdo, imprevisible, un genio (pero de los de verdad, no en el sentido trillado con que últimamente suele usarse esta palabra).

Para ser más preciso, era un genio a contratiempo: no tenía whatsapp, ni facebook, ni twitter, ni Instagram. Ni siquiera tenía móvil. Correo electrónico sí, pero lo usaba lo mínimo y si no había más remedio.

Eso sí: siempre me llamaba el día de mi cumpleaños (mejor dicho: el día antes o el día después, porque llamar el mismo día le parecía “de mal gusto”); y con la excusa de felicitarme hacíamos balance de cómo nos había ido el año. Y os puedo asegurar que no eran charlas cortas, hubo una que pasó de la hora y media. Aún tengo media oreja roja.

Era uno de esos amigos a los que veía muy poco, una vez cada tres o cuatro años. Y sin embargo, cuando se producía el encuentro, era como si acabáramos de vernos el día antes. Como si Jordi fuera mi compañero de piso, mi sombra, mi hermano. Eso es algo que me ocurre con muy poca gente, Jordi, que lo sepas ahora, que nunca te lo dije.

Una vez, a la salida de una reunión con los jefazos ,  le comenté partiéndome de risa: “Joder, no he conocido a nadie que intente colar lo mismo con tanta insistencia”. Porque por esa época llevábamos la tira de reuniones juntos, y él siempre acababa echando mano de su libreta llena de gags que aún no le habían aceptado. Esperaba un mes o dos, y volvía a presentarlos como si fueran nuevos. Y si no salía bien, vuelta a insistir.

Entonces, él se encogió de hombros y murmuró con su rostro impertérrito, a lo Buster Keaton: “Que no te compren una idea no quiere decir que sea mala. A lo mejor los que la han rechazado no estaban preparados en ese momento. ¿De qué sirve que intentes pensar otras?”

Alguien debería esculpir estas palabras. Mientras, por favor, recordad que fue mi amigo Jordi Gago quien las pronunció.

Siempre a tus pies, compañero.

11

Nous guionistes

Repte superat un any més. En menys de dos mesos, aquests cracks que veieu a la foto han assimilat la teoria de com s’escriu una sèrie per a la televisió i han presentat la Bíblia de dos projectes, “Falsa moneda” i “Julia”, que inclou el guió del pilot i l’arc argumental de la primera temporada. En resum: han currat com cabrons.

Buf! Encara no m’ho crec.

Que un grapat d’estudiants de l’Escola Universitària Politècnica de Mataró aconsegueixi el que és a l’abast de pocs guionistes professionals, cada any em sembla un miracle. Així que, nanos, moltes gràcies per l’esforç, per la passió, i per demostrar-vos a vosaltres mateixos que els números de loteria s’han de comprar amb suor. Ara, ja ho sabeu: sortirà escollit un dels dos projectes. El jurat ho té difícil. Però guanyar, ja heu guanyat tots dos grups. Heu parit dues grans sèries. I ho dic de debò.

A partir d’ara, s’acaba el guió i… Bon rodatge!

8

Corto premiado

Empiezo el domingo sintiéndome como Don Draper calvo y con gafas: “Consumo responsable/ Nivel 7”, el corto que escribí a  cuatro manos con Santiago Segura para Cinergía (Gas natural/El Terrat/Arena Media), acaba de ganar el Gran Premio y el Sol de Oro en el apartado Contenidos de marca en la 31ª edición de los Premios El Sol, los más importantes de Iberoamérica sobre comunicación publicitaria.

http://elsolfestival.com/palmares/edicion-2016/?idm=18

Si alguien aún no ha visto el corto, sólo son siete minutos. Y es gratis. Aquí va…

http://cine.gasnaturalfenosa.es/cinergia-segunda-edicion/cortos-cinergia-segunda-edicion/nivel-7/

1