Espinete en el psicólogo

Le tengo un especial cariño a este garabato. Lo hice para un proyecto de programa titulado «Casa de muñecos». De haber prosperado, habría sido una especie de Rue 13 del Percebe protagonizada por criaturas de gomaespuma. En uno de los pisos vivía un psicólogo especializado en personajes atormentados. Todos muñecos, por supuesto. A juzgar por el dibujo, el primero en pasar por la consulta  habría sido Espinete. Aquí le vemos, sin afeitar y con pinta de alcohólico. Triste, muy triste. Acabar así con lo que había sido. Si el programa se hace algún día, supongo que el segundo será Naranjito. Y el tercero, Rita Barberá.

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Spanish drawing

Acostumbro a dibujar en las reuniones de trabajo. No tanto como Andreu, que dibuja hasta durmiendo, pero hago mis ninots en cuanto siento el impulso y creo que nadie me mira.

Este lo hice durante la primera reunión en Madrid con el maravilloso equipo de guionistas encargado de poner en marcha la segunda parte de “Spanish movie”.

Todos se conocían entre ellos. Yo conocía a uno o a cero. No, a uno, tampoco hay que ponerse en plan modesto. Podría decirse que era el chico nuevo en la oficina.

Y voy y me paso la reunión dibujando.

Y encima, estas cosas tan cómicas.

No recuerdo que volvieran a llamarme.

Supongo que cualquier día se estrenará la peli.

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Paco Caracubo

He vuelto a meterme en proyectos de televisión. Nada firme, pero con gente que me cae bien, y a ver qué pasa. Se trata de una serie de animación dirigida a pre-teenagers, de 9 a 13 años. Aquí va, como muestra, el primer boceto que he hecho de uno de los personajes (luego los dibujantes de verdad le darán vida en serio). Más que secundario, es terciario: aparecerá sólo fugazmente en un episodio, haciendo el papel de Malo. Se llama Paco Caracubo, y normalmente es buena persona, pero cuando una sola de las piezas del Rubik que tiene por cabeza se le mueve de sitio, se pone hecho una fiera. Y hasta aquí puedo leer, como decían en el 1,2,3.

Siempre me ha encantado el mundo de la animación. Este tipo de la imagen, interpretado por un actor de carne y huesos (Mario Casas, por ejemplo) seguro que rascaría un montón. De hecho, por el bien del cine yo propondría que Mario Casas hiciera un último esfuerzo y diera el paso definitivo a los dibujos animados. Pero ese es otro tema.

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Regalo

Guille Martínez-Vela me envía este fantástico dibujo. Lo ha hecho inspirado por los cuatro personajes inmortales, los malos  de “Insomnes”, la serie de televisión que escribe Toni B.Murt, el prota de “La vida en siete minutos”. Me ha encantado. Le he dicho que es la mejor crítica que podía hacerme: demostrarme que un libro mío le ha hecho venir ganas de coger el lápiz y ponerse a dibujar. Los libros deberían provocar eso: que, al cerrarlos, siguieran removiendo mecanismos en nuestro interior,obligándonos a hacer cosas inimaginables, a ser distintos de lo que éramos antes de empezar a leerlos. Lograrlo aunque sea con un solo lector ya es un gran triunfo. ¡Gracias Guille! Qué pasada de  regalo para el día del trabajo.

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Niño raro

Mirad el dibujito que acabo de encontrar mientras fingía ordenar papeles para que mi mujer no creyera que cruzar la puerta de mi despacho provoca Síndrome de Diógenes.

Es un auténtico fósil: boli bic azul, libreta a cuadros. Lleva fecha: 1975. Es decir, lo hice con doce o trece años, más o menos la edad que tiene ahora mi hija. Cuando le cuento a Alba que fui un niño raro acostumbra a creerme (sólo hay que verme ahora), pero sospecho que no hasta este punto. Yo veo a un chaval de doce años dibujando monigotes como este  y corro a comprarme una pistola de dardos tranquilizantes para gorilas. Eso, para empezar.

Luego le pregunto si está bien.

Y nada, aquí estoy.

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