El reloj

Un señor oye por la radio que aquella madrugada hay cambio horario y, como tuvo una infancia complicada, decide poner el despertador a las tres para poder retrasar sesenta minutos, puntualmente,  todos los relojes de la casa. Dicho y hecho: cena, mira un rato la tele y se acuesta a las diez y quince. A las tres de la madrugada suena el despertador. Seguir leyendo El reloj

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La ventana

Un señor se despierta, va hacia la ventana, mira hacia abajo y ve que no es su calle. Excepto ese detalle, la calle no tiene nada de especial. No hay naves extraterrestres, la gente no habla otro idioma, los perros no tienen tres cabezas. Pero no es su calle. Si se tratara de un cuento, seguro que pensaría en ese instante: debo estar soñando. Pero como le está ocurriendo de verdad, el señor se limita a seguir contemplando esa calle intrusa desde su ventana, desconcertado, sin encontrarle explicación. Seguir leyendo La ventana

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Elvira

Voy a la presentación de “Lo que me queda por vivir”, de Elvira Lindo, en Barcelona. Séptima edición en poco tiempo. Un respeto.

Llego cuarenta minutos antes para pillar sitio y me dedico a empezar el libro, que no he podido leer antes.  A la mitad del segundo capítulo ya me tiene   rendido a los pies de su protagonista, Antonia, tan neurótica, tan madre, tan infectada de literaturosis. Luego, durante la presentación, me rindo también a los de la autora. Sobre todo cuando confiesa, graciosamente, que está aprendiendo a no flagelarse en público. “Los que me quieren me hicieron observar que en este país los escritores suelen decir cosas buenísimas de ellos  mismos. Dicen: “Mi novela es faulkneriana”. Y funciona, porque luego la gente define el libro con este adjetivo. Yo no puedo llegar a tanto, pero al menos últimamente me esfuerzo por no divulgar mis defectos.”

No está mal: en poco más de una hora acabo identificándome con dos mujeres que no conocía, una real y otra de ficción.

Cualquier día tendré que mirármelo.

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Carnaval

No recordaba esta foto. Mejor dicho: no recordaba ese momento, porque la foto ni siquiera sabía que existía. Me la mandó el otro día un amigo, Josep Bernabeu. Me la sacó en 1984 (¡Hace más de un cuarto de siglo!) durante un baile de carnaval. Por si alguien no lo ha captado aún, se supone que voy disfrazado de Groucho. ¡Ah! Y lo que llevo bajo la chistera no es una peluca, es mi pelo de verdad. Aparte de eso, tampoco he cambiado tanto últimamente. Lo que pasa es que me disfrazo de persona seria.

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El show de la mina

Existe una posibilidad remota de que la historia de los mineros chilenos sea cierta, pero yo no me la creo. Y eso que en su momento me creí la llegada del hombre a la Luna, la muerte de Elvis y la posibilidad de quedarse embarazada en una piscina pública (bueno, esta última no me la creí, sólo estuve a punto de provocarla durante un calentón adolescente, suerte que ella, la chica, había oído a hablar de los preservativos subacuáticos). Seguir leyendo El show de la mina

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