Después de fiestas

Escucho a Quim Monzó en el programa del Clapés y me hace mucha gracia. Habla de toda esa gente a la que, por estas fechas, le entran unas repentinas ganas de quedar con nosotros para comer o cenar. Gente a la que no hemos visto entre enero y noviembre, con la que hemos mantenido una correcta (por distante) relación vía Facebook y/o correo electrónico, y que ahora, afectada por el espíritu de las navidades inmediatas, necesita con toda su alma tenernos sentados a la misma mesa para sentir que su vida tiene algún sentido. Monzó propone dos respuestas a su petición. Una consiste en decir:

-Lo siento, pero no quiero verte en toda mi vida.

La segunda, algo menos radical, es sugerir que ya quedaremos “después de fiestas”, con la excusa de que, así, estaremos más tranquilos. El truco, por supuesto, es que “después de fiestas” es un período de tiempo que puede ser todo lo eterno que queramos, con lo que, indirectamente, volvemos a la primera opción.

Gracias, maestro, por esta sabia lección educativa. Prometo aplicarla en cuanto pueda.

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¿Tu cara me suena?

Me pasa algo muy molesto cada vez que voy solo por la calle. Resulta que si voy pensando en mis cosas, como casi siempre, me cruzo con alguien que conozco y no lo saludo, esa persona se ofende. Y luego se lo dice a mi mujer: “Vi a tu marido y no me saludó”, como diciendo: “Menudo sociópata escogiste, chata”. Eso me obliga a hacer un esfuerzo titánico para estar pendiente de toda la gente que se cruza conmigo cada vez que salgo. Y creedme: no es fácil. Tengo una memoria pésima para las caras, y casi nunca estoy seguro de conocer a alguien hasta que este da el primer paso: me hace un leve gesto, algo que me indique que no es ningún extraño. Entonces le saludo, y un par de horas después, en casa, esforzándome mucho, logro recordar de quién se trata.

El problema es: ¿Y si la gente espera a que sea yo quien dé el primer paso (y de este modo, si no lo doy, tendrá la excusa perfecta para ir a chivarse a mi mujer)? Continuar leyendo “¿Tu cara me suena?”

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Prodigioso Zenet

Advierto que este blog va a batir el Guinness de elogios entusiastas en menor espacio. Pero el tipo se lo merece. Hablo de Zenet, Toni Zenet, este croonermalagueño que con solo dos discos a la espalda (“Los mares de china” y “Todas las calles”) ya se ha convertido en uno de los grandes Artistas del panorama musical. Artista, no cantante. Son muchos los que se atribuyen el título, y pocos los que lo merecen. Desde ayer por la noche, Zenet, para mí, es Toulousse Lautrec, es Gene Kelly, es García Márquez, Tom Waits y, por supuesto, Frank Sinatra. Continuar leyendo “Prodigioso Zenet”

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Receta de Murakami

Haruki Murakami acaba de explicarme cuál es, a su entender, la receta para que funcione bien una empresa. En “Al sur de la frontera, al oeste del sol”  (1992), una chica le pregunta al protagonista su secreto para atraer a tantos clientes a su bar de jazz. Y él le explica que, simplemente, es el talento del chico que prepara los cócteles. Dice textualmente: “Hay una línea que solo pueden atravesar determinadas personas. Por tanto, cuando encuentras a alguien con talento, tienes que tratarlo muy bien y no dejarlo marchar. Y, evidentemente, pagarle bien.”

Este Murakami, siempre tan alejado del mundo real. ¡Qué sabrá él, lo que es un buen empresario!

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Tiempos modernos

Por increíble que parezca, hubo un tiempo muy muy lejano en que Spotify no existía. Y antes de ese tiempo, existió otro en que ni siquiera había Emules, ni copias piratas en CD, ni nada de nada. Si queríamos escuchar un disco (que eso sí: era de vinilo, superguay), teníamos tres opciones: 1) comprarlo; 2) hacernos amigos de alguien que lo hubiera comprado; y 3) Ir a escucharlo a unos populares grandes almacenes ubicados en Plaça Catalunya. Continuar leyendo “Tiempos modernos”

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La audiencia

Qué mala es la audiencia. A menudo se nos obliga a currar para ella, se nos dice: “Esto no lo escribas así o asá, porque el señor que mira esta cadena seguro que no lo capta.” Y luego el presunto señor cambia de cadena y tú tienes la culpa.

Con la audiencia, todo lo que tengo son dudas metafísicas. ¿Tu programa es mejor si tienes mucha que si tienes poca, o sigue siendo igual de bueno o malo? ¿Funciona como el pene, o realmente el tamaño importa poco?

Pensemos en el típico ejemplo de tío sin audiencia: Van Gogh. Sin audiencia, y sin oreja. Se pasó toda su vida con un share digno de La Sexta 2, y eso que malo no era. Continuar leyendo “La audiencia”

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Gaudí & Cobi

Los viajes en el tiempo de “Lost”, una mierda comparado con esto. Es una chimenea del Palau Güell, la pequeña joya del carrer Nou de la Rambla de Barcelona diseñada por Gaudí a finales del siglo XIX. El palacio ha sido minuciosamente restaurado en todos los detalles, desde las impresionantes caballerizas, que sirven de pilares a todo el edificio, hasta el onírico tejado. Y, por lo visto, cuando le llegó el turno a las chimeneas, los juguetones restauradores decidieron usar vajillas de la Barcelona olímpica para hacer el trencadís. Y claro: se acabó colando un Cobi. Buscad, buscad, malditos.

 

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