Con permiso

He empezado el año tratando de encontrar el nombre de un cine de París. Concretamente, el del cine que durante siete años (1920-1927) estuvo exhibiendo la misma película, “El gabinete del doctor Caligari”. Lo necesitaba para mi novela. Mejor dicho: creía que lo necesitaba. El trabajo de documentación de un novelista es un arma peligrosa. Llega a resultar tan fascinante, tan adictivo, que a veces te hace olvidar su auténtico objetivo: montar un  escenario sólido para que tus personajes puedan vivir su propia historia.  Continuar leyendo «Con permiso»

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