La vida en siete minutos

Si, como dijo aquel, la vida es lo que sucede mientras uno hace otros planes, hoy puedo sentirme más que afortunado. Hace tres años acabé mi primera novela en castellano (que, por aquel entonces, no se llamaba “La vida en siete minutos” sino “El hombre acelerado”, pero vaya, era la misma), y pensé: ¿Y ahora, qué?

Llevaba algún tiempo sin publicar, y por las voces  que oía por ahí el mercado había cambiado. Para empezar, necesitaba lo que nunca había tenido: un agente.

Busqué una larga lista de direcciones por Internet y  empecé a lanzar botellas con mensajes al océano.  Seguir leyendo La vida en siete minutos

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Qué oportunos

Hay padres que para conseguir que sus bebés se tomen la papilla, hacen el avión. El bebé se distrae con la mano que planea, deja de rebelarse, abre la boquita y acepta la cuchara.

Esa repentina adoración por la independencia que les ha entrado de golpe a los cabecillas de Convergència, después de tantos años de jugar a la puta y a la Ramoneta, parece exactamente eso: una  estrategia para seguir recortando  a saco cultura, educación, sanidad y  sueldos de los funcionarios en 2012, mientras muestran la estrella de Belén de un hipotético estado catalán en el horizonte. Como diciendo: “Nosotros somos guays, tíos. Lo que pasa es que no tenemos más remedio que recortar  porque aún no somos independientes. Si lo fuéramos, veríais cómo  nos volvemos súper enrollados con todo lo que ahora nos la suda como a cualquier partido de derechas. Si me apuráis, hasta Oriol Pujol se dejará el pelo a lo rasta.”

No trago.

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Mou

Nunca he estado en Munich. Lo más cerca, Berlín. Fui por trabajo el año que tiraron el dichoso muro. Nevaba. Quince bajo cero. La cama y el desayuno del hotel eran horribles. Fue bastante deprimente. En Madrid, en cambio, sí que he estado. Más de una vez. Conozco gente madrileña amable, inteligente, simpática, limpia, encantadora. Así pues, ¿por qué me alegré tanto cuando el Bayern de Munich pasó ayer a la final? Porque no conozco a nadie relacionado con Munich que sea tan rematadamente cretino como Mourinho. Seguir leyendo Mou

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Tomar partido

Es bueno que las personas tengan opinión y que la expresen libremente. Sin embargo, hay gente que asume un determinado cargo de responsabilidad que conlleva, o debería conllevar implícita,  la obligatoriedad de mantenerse neutral. Son cargos que te invalidan como sujeto y te convierten en el estandarte de un colectivo que, como su nombre indica, está formado por varias personas con distintas narices, orejas y opiniones.

Qué feo quedaría que horas antes del Barça-Madrid el árbitro del partido se fuera (vestido de colegiado, para tocar más los cojones) al hotel de concentración de uno de los dos equipos, a hacerse fotos con el móvil con los jugadores y a pedirles un autógrafo para sus hijos. “Es que en casa somos muy fans vuestros de toda la vida”. Seguir leyendo Tomar partido

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Mi anécdota con Ray Liotta

Año 1990. Dirijo el programa “Va de cine” de TVE en Catalunya. Estoy en la Mostra de cine de Venecia. Soy uno de los privilegiados que asisten  a la prémiere mundial de “Goodfellas” (“Uno de los nuestros”) y salgo adorando a Scorsese para el resto de mi vida (podré  perdonarle, incluso, que veintidós años después ruede “Hugo”). Ray Liotta asiste al festival, pero no concede entrevistas. Al día siguiente salgo con mi equipo a rodar planos de la ciudad, como recurso. Lo típico y lo tópico: gondoleros a contraluz, palomas en la Piazza de San Marco, toda esa mierda que después, con un montaje guay, parece un video-clip.

Cuando llevamos diez minutos, me doy la vuelta y ahí está Ray Liotta. Viene andando directo hacia nosotros, con una camisa de manga corta y unas gafas de sol, como si fuera cualquier guiri despistado buscando el Puente de los Suspiros. No tengo tiempo de pensármelo. Le digo al cámara: ¡Deprisa, graba esto!  Seguir leyendo Mi anécdota con Ray Liotta

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¿Eres tú, verdad?

Una señora cincuentona y con el pelo teñido de negro-escarlata acaba de hacerme esta pregunta, seguramente la más tonta y, a la vez, más complicada que puede hacerte un ser humano (porque es obvio que yo soy yo del mismo modo que tú eres tú, evidentemente, pero preguntarlo entraña cierta duda metafísica que me hace pensar en esos maravillosos cuentos de Richard Matheson, de Lovecraft, incluso de Borges, que nos hablan de vidas suplantadas, de dobles y de personajes que sueñan su propia vida). Pero me freno a tiempo y le respondo:

-Sí, soy yo.

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Entre amigos anda el juego

La chica de la foto es Marta Alonso. La conozco desde el 97, cuando llegó al Terrat de Ràdio Barcelona dispuesta a aprenderlo todo y a comerse el mundo como postre. Han pasado quince años (¡¡¡¡15!!!!!!) y seguimos siendo amigos. La prueba es que le pasé “La vida en siete minutos” cuando aún no tenía ni agente ni editorial y se llamaba “El hombre acelerado”. Marta disfrutó mucho con el libro, se lo leyó en tres días y, por el camino, me iba comentando  con entusiasmo las cosas que más la enganchaban.

Hace un par de semanas le mandé la cubierta definitiva, para ver qué le parecía; y Marta, cinco minutos después, respondió con un mail que me hizo poner rojo de emoción: “Lo que necesita esta novela es un empujón. Haremos una cosa: te regalo el trailer-book promocional.”

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Niño raro

Mirad el dibujito que acabo de encontrar mientras fingía ordenar papeles para que mi mujer no creyera que cruzar la puerta de mi despacho provoca Síndrome de Diógenes.

Es un auténtico fósil: boli bic azul, libreta a cuadros. Lleva fecha: 1975. Es decir, lo hice con doce o trece años, más o menos la edad que tiene ahora mi hija. Cuando le cuento a Alba que fui un niño raro acostumbra a creerme (sólo hay que verme ahora), pero sospecho que no hasta este punto. Yo veo a un chaval de doce años dibujando monigotes como este  y corro a comprarme una pistola de dardos tranquilizantes para gorilas. Eso, para empezar.

Luego le pregunto si está bien.

Y nada, aquí estoy.

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HHhH

Normalmente me resisto a opinar públicamente sobre libros, porque intuyo que un libro es como el vino o como el sexo: el que a uno le gusta no tiene por qué gustarle a todo el mundo. Pero hoy hago una excepción. El “HHhH” de Laurent Binet es lo más fascinante que he leído en mucho tiempo. Puede que te digan: “Va del atentado contra Reinhard Heydrich, el monstruo que creó los campos de exterminio nazis”. Bueno, sí, va de eso. Pero no sólo.  Seguir leyendo HHhH

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