Mr.Marshall

Llamadme clásico pero a mí Las Vegas, como concepto, me gusta en Las Vegas. Las Vegas era un desierto antes de existir. Era La Nada. Y la idea que  de La Nada surjan, como setas, montones de casinos, hoteles, cañones de luz que se ven desde la Luna y curas disfrazados de Elvis a mí no me molesta. Lo que me molesta es que, de pronto, hablen de meter toda esa marcianada no en un área de Port Aventura, que molaría, sino a costa de unos campos de cultivo que no tienen ninguna culpa; a costa de un país como Catalunya que, durante años, ha vivido de un turismo atraído, entre otras cosas, por su legado cultural. Pensar que, de la noche a la mañana, podemos ver el sky line del Baix Llobregat roto por un hotel imitando las torres de la Sagrada Familia pero con antenas parabólicas en la punta y un cartel de neón anunciando “Hotel El Black Jack modernista”, me pone los metafóricos pelos de punta. Así que cruzo los dedos y espero que, de nuevo, Mr. Marshall pase de largo, siga su camino hacia Madrid (donde el invento pega más) y nos deje pensar soluciones contra el paro a nuestra manera.

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El cangrejo y el Ferrari

Los escritores no solemos dar tan bien por cámara como los actores y los cantantes. Eso lo sabe todo el mundo. Por eso salen tan pocos escritores por la tele (solo los que más venden, que casualmente dan muy bien todos por cámara, excepto Chuck Palahniuk, que da mal, pero a posta, para llamar la atención). El motivo es que actores y cantantes suelen vivir más tiempo rodeados de gente. Es decir: hasta por estadística, son más sociables que los que escribimos, que somos los cangrejos ermitaños de la sociedad. Continuar leyendo “El cangrejo y el Ferrari”

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Los cereales de Nana

Querer mucho a alguien no significa quererlo todo el tiempo. Es lógico. No todo el mundo (ni siquiera Cristiano Ronaldo, por citar a alguien convencido de su perfección) hace todo el tiempo cosas dignas de ser amadas. Pensemos en la hora del desayuno. En mi caso es un momento crítico. Estos últimos días, muy especialmente. Porque sí, porque me encuentro en el asalto final a la cumbre de una nueva novela  y,  consecuentemente, estoy más sensible, más suspicaz, más ajeno al mundo real, más borde que nunca. Y, como resulta que en nuestro reparto de tareas matutinas, hace tiempo que a mí me tocó preparar el desayuno, me pone los nervios de punta que a mi mujer  le apetezcan los cereales machacados. Puede parecer una tontería sin importancia, pero cuando hace cuatro horas que te has levantado para crear esa acojonante obra maestra de la que todos los críticos hablarán en un futuro inminente y que será un best-seller mundial, desde la +Bernat al Carrefour de Nueva Delhi, tener que pasarte dos minutos agarrando una puta mano de mortero, convirtiendo en puré unos absurdos copos de avena integrales, pues eso, te parece una tocada de huevos. Te sale la mala leche y piensas: Joder, seguro que a Picasso no le obligaban a hacer estas chorradas después de pintar Les demoiselles d’Avignon.  Continuar leyendo “Los cereales de Nana”

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El periodista indeseable

Cuando estudiaba primero de periodismo en la Autónoma, todos queríamos ser Günter Wallraff, etiquetado como “El periodista indeseable” desde que Anagrama tituló así un libro de los setenta que resumía su vida y milagros. Éramos unos críos. Soñábamos que algún día haríamos en nuestro país lo que hacía el alemán. Soñábamos que en un futuro 2012, cuando ya fuéramos periodistas bragados, nos pondríamos un bigote postizo y, hablando catalán con acento de guardia civil, nos infiltraríamos en los Mossos de Esquadra durante meses, para ver qué consignas nos daba Felip Puig para enderezar a esos cabrones perroflautas del 15M. Nos pondríamos un traje azul marino y una corbata fucsia y nos infiltraríamos en el PP (o en Bankia), para ver en qué se estaban pateando los 100.000 millones de euracos del rescate: en percebes o en putas. Sí, amigos: Wallraff era nuestro gurú, el bad good boy con cierto halo de detective privado chandleriano que metía la nariz donde nadie le llamaba, y destapaba toda  la mierda que hasta entonces había permanecido oculta.

Joder, cómo ha cambiado todo.

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Évole

No necesito pellizcarme: si hay un video en youtube es que no fue un sueño:  existió realmente la presentación de “La vida en siete minutos”. Sin embargo, amigos, no ha sido fácil alcanzar este momento.  Llegué a creer que el libro iba a tener que pelearse solo en el mercado, sin nadie que le diera apoyo, pero no: la buena voluntad de Jordi Évole y del bueno de Ramón Lara, sumadas al tándem Seix Barral y +Bernat, hicieron posible que el lunes nos juntáramos todos ahí, y pudiera disfrutar de una de las noches más emotivas de mi vida.

Presentación de “La vida en siete minutos” en la librería +Bernat

(Que sí, que eso fue gracias a todos los amigos que estuvisteis ahí, arropándome como jabatos. Pero este post se titula “Évole”, y en él tengo que centrarme)

Évole, además de ser el mejor periodista de España del momento, es un ser humano de una calidad inmensa. Y eso explica que hiciera lo mejor que podía hacer: no leerse el libro.  Continuar leyendo “Évole”

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