Fin y principio

Ya está. Esta mañana he terminado mi nueva novela, “La niña que hacía hablar a las muñecas”. La imagen de arriba es la que me ha acompañado durante  los dos años y pico que he vivido en ella día y noche.

Es una sensación extraña. Supongo que los alpinistas que alcanzan la cumbre después de sortear todo tipo de putadas (aludes, mordiscos de Yeti, todo eso) sienten algo parecido. Euforia, claro. Y, al mismo tiempo, agotamiento. El bajón de pensar que ya está, que he  parido y que, a partir de ahora, el destino de esos personajes ya no depende de mí.

No es un mal día para terminar una novela.

Mañana empieza agosto.

Vacaciones.

Luego será el principio de una nueva vida. Todavía no sé cuál.

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El colibrí enano, Batman y los listos

Hay gente que entiende tanto, pero tanto, de una cosa (de literatura, Formula 1 u ornitología, eso da igual) que muere un poco por dentro cada vez que tú  (que, por supuesto, entiendes mucho menos), coincides con él en la valoración del último Houellebecq, los neumáticos que debería usar Fernando Alonso o el potencial erótico del rito de apareamiento del colibrí enano de Borneo. Notas en el brillo de sus ojos ese halo de fingida condescendencia, como diciendo: “No, si al final acabarás entendiendo”. Mientras por dentro se pregunta: “¿Me habré equivocado esta vez? Si le gusta a ese paleto, no puede gustarme a mí.”

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España

A lo mejor saldría a cuenta hacer lo que se hace cuando algo no funciona: exigir que nos devuelvan el dinero.

A lo mejor saldría a cuenta dejar de esperar algo decente de esa gente con corbata que aplaude sin rubor  sus propias mentiras.

A lo mejor saldría a cuenta subastar por Ebay todos los gadgets militares y dejar que alguno de nuestros miles de países enemigos (o, incluso, una malvada civilización extraterrestre con garras mutantes y fobia al rojo y gualda) nos invadiera. Peor no nos iría.

A lo mejor saldría a cuenta apostar en I+D, aunque sólo fuera por inventar Matrix y poder mandar al campechano Rey y a toda su estirpe a chupar de un bote virtual.

A lo mejor saldría a cuenta disfrazarse de minero. Todos. Con pico y pala. Y esperar a esos canallas, uno a uno, en una calle oscura. Sólo para darles un sustito.

A lo mejor saldría a cuenta eliminar el fútbol por decreto ley, para que a nadie le quedara esa expresión de gilipollas por haber estado gritando “Españaaaaa” una semana antes del gran batacazo.

En serio.

A lo mejor saldría a cuenta.

Lo digo por reconvertir en pensamientos positivos toda la mala leche que ellos, y solo ellos, se empeñan día a día en inculcarnos.

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