Un pato con chistera

Qué triste ver que agosto se termina y  aún no he colgado en las redes ninguna foto de mis pies y parte de mi barriga a la orilla de una playa de aguas turquesas. Y eso que he ido. El agua no era turquesa, pero a la playa he ido. Un día. No, dos. Terminé la novela hace justo un mes y lo que el cuerpo me pedía era llevar a la práctica mil y una cosas increíbles: hacer puenting en el Gran Cañón, luchar contra un cocodrilo albino, hacer un calvo en el Vaticano. Lo típico para desconectar de la rutina.

A la hora de la verdad, lo más trepidante que he hecho es un pato de arcilla de unos quince centímetros de alto, con sombrero y pajarita. Adjunto foto. Desde que Alba tiene siete años, cada año, en verano, hacemos juntos una figurita. Tenemos un pingüino con cara de psicópata, un señor sentado en un sofá, una pareja de elefantes, una ratoncita Minnie… Ella diseña y yo hago de currito. Es uno de esos momentos padre-hija que pronto, muy pronto, desaparecerán en el tiempo como lágrimas en la lluvia, en cuanto mi pequeña deje de serlo del todo y decida que es muuuuucho más cochino y placentero  morrearse con alguien que amasar arcilla junto a un calvo.

De momento, hay que agarrarse a eso. La vida continúa.

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Puesta en escena

Observad atentamente esta foto. ¿No hay algo que os llama la atención? Una pista: no son los dos tipos con corbata que hay en primer plano, Hollande El Guay y Monti El Tecnócrata. Correcto: son los otros, los de la casaca y el el gorro a lo Marge Simpson. Empiezo a sospechar que lo que distingue a un mandatario de un indignado es eso, que mientras unos aporrean cacerolas los otros revisten el más insubstancial de sus actos públicos con una puesta en escena que haría las delicias de Andrew Lloyd Webber. Que sí, que a la gente normal nos pueden parecer rimbombantes, anacrónicos, ridículos. Pero, a criterio de sus asesores de imagen, les sigue funcionando, igual que les funciona, aún, al Papa de Roma y sus secuaces. A lo mejor es que el hombre del siglo XXI no ha evolucionado tanto, y sigue adorando al César porque siempre se presenta ante el pueblo rodeado de legiones.

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