Spanish drawing

Acostumbro a dibujar en las reuniones de trabajo. No tanto como Andreu, que dibuja hasta durmiendo, pero hago mis ninots en cuanto siento el impulso y creo que nadie me mira.

Este lo hice durante la primera reunión en Madrid con el maravilloso equipo de guionistas encargado de poner en marcha la segunda parte de “Spanish movie”.

Todos se conocían entre ellos. Yo conocía a uno o a cero. No, a uno, tampoco hay que ponerse en plan modesto. Podría decirse que era el chico nuevo en la oficina.

Y voy y me paso la reunión dibujando.

Y encima, estas cosas tan cómicas.

No recuerdo que volvieran a llamarme.

Supongo que cualquier día se estrenará la peli.

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Tiempos de pereza

Menos mal. Dicen que pronto todos llevaremos esas gafas de Google que lo hacen todo por ti. Ya tardaban, porque hasta sostener un móvil  de 200 gramos empezaba a representar un esfuerzo sobrehumano.

El ser humano moderno ha nacido cansado. Quiere limpiaparabrisas que se activen con la lluvia. Quiere coches que aparquen solos. Quiere un GPS que le guíe del trabajo a casa. Quiere llegar a casa, dar una palmada y que un robot con tetas le sirva un bogavante y le coma la polla.

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Panda desencadenado

Con los anuncios tengo épocas. Antes me gustaban mucho. Últimamente no tanto. En general, los anuncios que hay ahora en España me recuerdan a cosas que ya he visto antes en cine, en video clips o en otros anuncios. Incluso los anuncios guais, con trucos de ordenador y tal, me producen somnolencia. Supongo que los publicitarios están pasando una crisis creativa pasajera, y que pronto volverán a deleitarnos con algo tremendamente original.

Mientras tanto, Alba y yo nos reímos mucho con esta campaña del Panda. Todos los anuncios deberían de ser como este. Viene a decir: compra mi marca, tío, que estoy muy loco. Y claro: si el que lo dice es un Panda, cualquiera se pasa a la competencia.

http://www.youtube.com/watch?v=4bGEB7Bjjcg&feature=player_embedded

 

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Berto

Por culpa de Berto Romero no me hablo con Nana. Nana es mi mujer. Berto es un actor. Perdón, un cómico. Bueno, ambas cosas, si es que son distintas. Y ambas las hace bien. Aquí está el problema.

Todo comenzó hace un par de meses…

(Aquí suena música de arpas y entra un rápido Flash-back:

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¿Disfraz?

Este año no me he disfrazado por Carnaval. Lo más parecido que he hecho ha sido homenajear la (ex) cabellera de mi hija. El caso es que a principios de año Alba decidió hacerse un alisado japonés, y como a mí me daba pena verla seis o siete meses sin sus rizos (es lo que tienen los alisados japoneses, que duran más que un sobre cerca de un ministro del PP) le dije: hazme una foto con él. Ni corta ni perezosa, mi hija se colocó detrás, soltó su (ex) pelo y Nana hizo la foto. Al verla no me reconocí. Es algo extraño, imposible, como si Puyol (el del Barça), de repente, se hubiera vuelto miope.

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