El Jajajajaja

El otro día un amigo me mandó por email una cosa tremendamente graciosa y yo no le respondí con Jajajajaja. ¿Me convierte esto en una mala persona? Ni idea.

El caso es que me cuesta engancharme a esta moda (llámalo moda, llámalo como te dé la gana), seguramente porque en una conversación cara a cara no suelo reírme a carcajadas ni con mis amigos más graciosos. Ni siquiera me reí a carcajadas cuando el telediario de TVE recomendó a los parados un remedio infalible para calmar la ansiedad: rezar. Rezar y poner velas.

Ja.

(¿Lo veis? El chiste es genial, y sólo me provoca una hierática sonrisa. Qué raro)

En fin. Supongo que los Jajajajajaja aspiran a sustituir a los tristemente célebres emoticones de la risa, que ya nacieron horteras y mariquitinis.  Sería como apoyar la tesis contraria a “Una imagen vale más que mil palabras”, e ir añadiendo un “Ja”, y otro, y otro más, a medida que queremos simular un mayor descojone.

Supongo.

Y supongo que si la cosa funciona, pronto se hará extensivo a otro tipo de reacciones. Si alguien te manda un comentario erótico, deberás responderle “Ahhhhhhhhhhh”, así, como corriéndote; si te dice algo que te duele,  “Ayayayayayay”. Y si te pide que imites una moto arrancando, “Brumbrumbrumbrum.”

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3

Mala previsión

Tenía dieciocho o diecinueve años y me tocaba hacer un papel de reportero loco en mi primera obra de teatro, “City Bang Blues”. En la acotación decía que el personaje tenía “unos cincuenta”. Y supongo que a la hora de disfrazarme pensé que a esa edad (que me quedaba aún tan lejana) tendría aproximadamente ese aspecto.

No acerté ni una.

Menos mal.

2

Asesinos en serie

Me despierto con una idea de serie en la cabeza. Una mezcla de “Instinto Básico” + “Twin Peaks” + “Fringe”. Un detective especializado en casos paranormales sigue la pista de una asesina en serie (rubia, por supuesto) que posee un curioso método de asesinato: folla con sus víctimas y, en el momento del orgasmo, emite un  chillido ultrasónico que les fríe el cerebro.

Me da el subidón típico del café de primera mañana y pienso: recórcholis, he aquí la semilla de la HBO española. La tele del futuro. La polla en vinagre.

Luego pongo la radio, me desnudo, me meto en la ducha y oigo lo del tijeretazo a la ley de dependencia de Rajoy.

Mierda.

Como de costumbre tendré que pensar otra idea.

También en asesinos en serie la realidad supera a la ficción.

(En la foto, el Lecter español en sus inicios)

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