El pintor del futuro

Mirad con atención esta foto. Es malísima, lo sé, y pido perdón por ello (mi móvil, como cámara, es una patata con flash), pero hay un detalle que me llamó la atención y quería compartirlo con vosotros. Es uno de los muchos cuadros que decoran un outlet de ropa de marca de la calle principal de mi pueblo, Premià. Creo que vale la pena que entrecerréis los ojos un segundo e intentéis descifrar lo que pone justo encima de la firma del pintor. Ya os lo digo yo: “Verano 2014”. Es decir: este hombre se tomó la molestia de viajar en el tiempo (poco, es cierto: apenas unos meses más adelante) para poder usar como modelo unas florecillas rojas que sólo tienen de especial eso: que, a día de hoy, ni siquiera han empezado a brotar. Porque, que yo sepa, justo hoy arranca la primavera. Les falta una estación.

Sólo por este audaz esfuerzo,  el artista se ha ganado mi respeto.

 

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Vuestra historia

Hoy es 13 de marzo de 2014. Hace mucho tiempo que señalé esta fecha en el calendario que tengo sobre el escritorio, y no acababa de llegar (qué lentos pasan los días cuando esperas algo tan bueno como lo que me ha ocurrido hoy). Hoy mi novela está en las librerías.

Llevo ya algunos libros publicados, pero esta vez la sensación es distinta. Todo ha sido distinto desde el principio. Para empezar, no nació de una idea, de un “tema”, sino de una historia que ya existía. Y de una imagen, claro. Mis novelas siempre nacen de una imagen que tengo ganas de contar. Necesito “llegar” hasta ella. Eso es lo que me empuja a emborronar el papel en blanco. Es mi primer objetivo, mi campamento base. Si no, nunca llegaría a la cima. Demasiado alta para hacerla de un tirón.

En el caso de “La niña que hacía hablar a las muñecas”, la imagen fue la de un ataúd recorriendo de noche la calle principal de un pueblo, ante la mirada atónita de sus habitantes.

El resto fue cuestión de suerte. Por circunstancias de la vida, de repente me encontré con el mayor de los tesoros para un escritor: tiempo. El azar me regaló medio año para preparar el argumento, dos años y pico para contarlo como quería, algunos meses más para pulir detalles. Y, luego, más tiempo aún para seguir sacando brillo un poco más, gracias al maravilloso trabajo de microscopio que hicieron en Siruela. Que quede claro: es la mejor editorial con la que he publicado hasta ahora. Y lo digo porque es justo. Se lo han ganado a pulso.

Dejadme que añada que es la novela que más alegrías me ha dado hasta ahora. La que más emociones me produjo a lo largo del proceso de escritura. Y la que más tristeza me dio cuando llegué a su punto final. “¿Qué haré ahora?”, pensé. Y me eché a llorar. “La depre post parto”, lo llamaron Nana y Alba, mi mujer y mi hija, que ya me conocen. “Eso te pasa porque no puedes estar sin escribir”, creo que dijo mi agente, Teresa Vilarrubla, una tarde que merendamos ensaimadas con café con leche (descafeinado). En fin. Supongo que le ocurre a muchos escritores.

¿Qué haré ahora?, fue lo que me pregunté al terminar la novela. Y la respuesta, desde hoy, es fácil: compartirla con vosotros. Con vosotras. Y cruzar los dedos para que la disfrutéis tanto como yo.

Ahora es vuestra novela. Desde hoy, 13 de marzo de 2014, mi historia (la historia de Sión, de Joan, de Catarina, del jaguar Gápanemé) es vuestra historia.

 

 

 

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