Cuando tenía catorce o quince años (iba al Instituto) soñé que un desconocido me apuñalaba en el estómago. Nunca olvidaré su cara. Sus ojos diminutos y malignos, su sonrisa mientras se acercaba parsimoniosamente con el cuchillo en la mano izquierda (era zurdo, recuerdo que ese detalle, absurdamente, me distrajo un instante durante el sueño). Su aliento a – Leer más –

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