Watch attacks!

No soy supersticioso, pero tengo la absoluta certeza de que tengo un reloj de pulsera maldito. Siempre que me lo pongo empiezan a pasarme pequeñas desgracias. Pero como no creo en estas cosas, no escarmiento y vuelvo a  ponérmelo de vez en cuando. Ayer, por ejemplo. Se rompió la correa de mi otro reloj (el bueno) y pensé: qué pereza acercarme al relojero. Así que corrí a ponerme el reloj de pulsera maldito. Aquí van cuatro cosas que me han pasado las últimas 24 horas:

1.-Un trabajo cojonudo que el viernes parecía asegurado (y hasta junio), de repente está en fase de negociación.

2.-Siete alumnos apuntados a un curso que tenía que dar el miércoles decidieron borrarse de golpe ayer por la tarde. Curso anulado.

3.-Cuando me dirigía a coger el bus para ir a l’Escola d’Escriptura (bus que, por cierto, llegó tarde por primera vez en dos años), una especie de abeja de color negro, de medio palmo de largo (sonaba como una Harley), estuvo persiguiéndome durante tanto tiempo que terminé agotado. Venía a por mí, así de claro. Al final, opté por una solución desesperada: me quité el reloj de la muñeca y el bicho se esfumó. Lo sé: suena a cuento, pero pasó así.

4.-A última hora de la noche recibí un mensaje: anulada una cena que me hacía mucha ilusión y que estaba confirmada desde hacía quince días.

Esta mañana he ido al relojero para ponerle una correa nueva al otro reloj (el bueno). No le quedaban de esa medida. Hasta mañana.

La maldición continúa.

 

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