Llamadme clásico pero a mí Las Vegas, como concepto, me gusta en Las Vegas. Las Vegas era un desierto antes de existir. Era La Nada. Y la idea que  de La Nada surjan, como setas, montones de casinos, hoteles, cañones de luz que se ven desde la Luna y curas disfrazados de Elvis a mí no me molesta. Lo que me molesta es que, de pronto, hablen de meter toda esa marcianada no en un área de Port Aventura, que molaría, sino a costa de unos campos de cultivo que no tienen ninguna culpa; a costa de un país como Catalunya que, durante años, ha vivido de un turismo atraído, entre otras cosas, por su legado cultural. Pensar que, de la noche a la mañana, podemos ver el sky line del Baix Llobregat roto por un hotel imitando las torres de la Sagrada Familia pero con antenas parabólicas en la punta y un cartel de neón anunciando “Hotel El Black Jack modernista”, me pone los metafóricos pelos de punta. Así que cruzo los dedos y espero que, de nuevo, Mr. Marshall pase de largo, siga su camino hacia Madrid (donde el invento pega más) y nos deje pensar soluciones contra el paro a nuestra manera.

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