Adultos sin respuesta

“Papá, ¿dónde duermen los ascensores?”

Es lo que me preguntó mi hija a los cinco años. Y yo no supe qué responder.

Dos años después, Alba ya había cambiado preguntas por ideas. Un día que salimos al balcón (vivimos en un tercer piso de un edificio de seis, justo en la mitad), de pronto se puso muy seria y dijo: “No entiendo por qué hacen los balcones fijos. Podrían hacerlos como los ascensores, y así todo el mundo, cuando quisiera, podría pulsar un botón y subir a la azotea. Sería chulo cenar allí cada noche, ¿verdad, papá?” Y tampoco supe qué replicar  a eso.

Algunos estudios dicen que todo se limita a la diferencia entre lo que denominan pensamiento paradigmático y pensamiento narrativo. En el fondo, creo que es algo mucho más simple: a medida que crecemos, nos volvemos previsibles.

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