No necesito pellizcarme: si hay un video en youtube es que no fue un sueño:  existió realmente la presentación de “La vida en siete minutos”. Sin embargo, amigos, no ha sido fácil alcanzar este momento.  Llegué a creer que el libro iba a tener que pelearse solo en el mercado, sin nadie que le diera apoyo, pero no: la buena voluntad de Jordi Évole y del bueno de Ramón Lara, sumadas al tándem Seix Barral y +Bernat, hicieron posible que el lunes nos juntáramos todos ahí, y pudiera disfrutar de una de las noches más emotivas de mi vida.

Presentación de «La vida en siete minutos» en la librería +Bernat

(Que sí, que eso fue gracias a todos los amigos que estuvisteis ahí, arropándome como jabatos. Pero este post se titula “Évole”, y en él tengo que centrarme)

Évole, además de ser el mejor periodista de España del momento, es un ser humano de una calidad inmensa. Y eso explica que hiciera lo mejor que podía hacer: no leerse el libro. 

Vale, no lo hizo a posta, sino porque el pobre va de culo con los rodajes de “Salvados”, pero da igual: lo clavó.

Porque su absoluta ignorancia sobre el libro nos ahorró a todos un montón de opiniones subjetivas sobre él. Que, al fin y al cabo, es lo que ocurre siempre: sale el presentador y se pone a dar su opinión sobre el libro. Los que lo han leído ya, piensan: “¿Habrá piscolabis al final?”. Y los que no: “Iba a comprármelo, pero si este cabrón sigue contando mucho rato el argumento a lo mejor me lo repienso”.

En vez de eso, Évole se vio obligado a hablar de otra cosa. Y a lo tonto, convirtió un acto literario en un acto sobre la vida, que para mi gusto siempre es más estimulante. En un acto que partía del momento en que nos conocimos por primera vez en la Universitat Autònoma de Bellaterra. Dice Évole que aprendió a perderle el respeto a la pirámide invertida (es una metáfora) mientras yo jugaba a ejercer mi papel de profesor marciano.

Joder, qué honor. Qué responsabilidad.

Por supuesto, me siento henchido de orgullo de que un crack como Évole crea eso, aunque, por supuesto, no sea cierto. Él ya llevaba las alas de casa, dispuestas a volar muy alto, antes de matricularse en periodismo.

Yo lo único que hice fue hacerme pasar por Michael Douglas en una facultad donde la mayoría de profesores se tomaban la carrera como una demostración en vivo de cómo se hace una autopsia.

Pero vaya…

En cualquier caso, y volviendo a la presentación del libro, terminamos hablando de eso: de momentos que agitaron el pasado y que, de algún modo, influyeron en nuestro futuro.

¿Y no es esa, al fin y al cabo, la esencia de la literatura? Contar cosas que sucedieron, ya sea realmente o en la mente de alguien?

Así que Évole le hizo el mejor homenaje posible a mi novela: traducirla al lenguaje universal del corazón.

Y yo creo que todos los que estábamos en La Bernat nos dimos cuenta.

Gràcies, amic.

Gràcies, amics.

Fins la propera.

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