El plan

No es habitual que un domingo a primera hora dedique un valioso tiempo de mi vida a pensar que si 66 personas decidieran sumarse de pronto a mis actuales amistades de Facebook tendría 999, que vistas al revés serían  666, el número de la bestia, y que eso (teniendo en cuenta que siempre he creído en el poder mágico de los números) podría acabar provocando que mi vida social (en el sentido virtual de la expresión) fuera un infierno. No es habitual, repito, pero el caso es que ni siquiera he desayunado aún y aquí estoy, trazando un desesperado plan de supervivencia: a partir de hoy solo colgaré pensamientos absurdos en la red para evitar que se me añadan más amigos.

Y vosotros diréis: este tío podría estar haciendo cosas más interesantes. Pues a lo mejor. Pero lo primero es lo primero.

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