Pep

El mejor entrenador de la historia del Barça (que es lo mismo que decir de la historia del fútbol moderno) comparece ante los medios y dice:

-Nada, que lo dejo. La culpa es del tiempo.

En ese preciso instante, X, el culé, que ha vivido los últimos cuatro años adorando todo lo relacionado con Pep (su fútbol ziga-zaga, su discurso siempre acertado, el hoyuelo que se le forma en el mentón con barba de tres días) abre los ojos como platos y grita con impotencia:

-Nooooooooooo.

O más, O menos.

Entonces X, el culé, descubre que se encuentra en un callejón de las afueras de una ciudad portuaria que no reconoce (Portland, quizá, suponiendo que Portland tenga puerto, el caso es que es la primera ciudad que le viene a la cabeza). Cuatro tipos con pinta de matones le están dando una paliza. El más alto, que lleva una camiseta sin mangas con una imagen pop art de Lady Gaga en bolas, acaba de romperle un par de dientes con un bate de béisbol. Los otros aprovechan que se ha puesto a cuatro patas (para escupir mejor la sangre y los trocitos de diente incrustados) y se dedican a darle patadas. En las costillas. En la barriga. En la cara. En los huevos. Y X, el culé, ríe por dentro, aliviado. Y piensa:

-Menos mal, joder. Sólo era un puto sueño.

0

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.