El plan de Cerebro

He tardado meses, años, en descubrir su maquiavélica farsa. Yo también creía que Rajoy era el presidente más cortito de la historia de la democracia. Yo también esperaba ansioso ese nuevo corte de vídeo con su (pen)última metedura de pata, esa frase de tonto del pueblo en el peor contexto, esa expresión de idiotez supina en su rostro. Yo también creía que en vez de un presidente normal nos governaba un chascarrillo. Pero no. Hoy la punta del ala de un ángel de la lucidez debe de haber rozado mi frente porque, por fin, lo he visto claro: Mariano es listo, muy listo, el cabrón. Si no fuera porque él es real (o eso dicen), no tendría por qué envidiar a los grandes genios del mal que le precedieron: James Moriarty, Ozymandias, Kaiser Soze o El Joker.

Voy a decirlo ya: mi tesis (y a la mierda los «presuntamente», estoy seguro de ello) es que ha sido este hombrecillo aparentemente inútil (al que a partir de ahora llamaré Cerebro) quien ha filtrado la charla entre Jorge Fernández Díaz y el Innombrable de l’Oficina Antifrau.

Sí, claro: en cualquier país civilizado sería un plan suicida. En cualquier país civilizado, un ministro de Interior pillado in fraganti utilizando los mecanismos de estado (perdón: utilizando a un topo chulito, de palco de Bernabeu, infiltrado en los mecanismos de estado de una nación sin estado) dimitiría o sería cesado de modo fulminante; y el presidente que lo escogió se pondría rojo de vergüenza hasta las raíces del pelo mal teñido y tendría que dar explicaciones públicas de por qué su partido merece seguir llamándose demócrata. Pero esto es España, amigos. España, coño, con dos cojones. Un lugar por el que campó a sus anchas durante cuarenta años un dictador; y que cuarenta y un años después de que estirara la pata dejándolo todo atado y bien atado, sigue sin pedir perdón ni Dios ni su puta madre, siguen las cunetas llenas de cadáveres, sigue el PP viviendo de los votos de muchos de los que salieron inmunes y de sus descendientes.

Perdón: había olvidado el trankimazín de la mañana. Ya está, retomo el hilo.

Pensadlo bien: todo encaja…

Uno, Cerebro sabe que por grave que sea el JFDgate, nadie (al menos nadie que a él no le sude la polla) le pedirá responsabilidades; empezando por la prensa, que ha mandado a sus mejores periodistas a Venezuela y a seguir muy de cerca a La Roja y a Piqué.

Dos, en Catalunya, Jorge Fernández Díaz iba a quedar último otra vez. Igualmente, a la mañana siguiente del 26-J, Cerebro tenía previsto llamarlo al castillo, atarlo a una silla y ofrecerlo como desayuno a los perros famélicos del PP. Así que a la porra con los gritos escandalizados de los catalanes. El domingo no van a votar a Jorgito. ¿Y?

Y tres, y ahí vamos: la filtración servirá para demostrar que un popular hace lo que sea para mantener España unida. Si hay que arremangarse y bajar al fango a liarla parda, pues se baja. Y eso sí que va a representar un montón de votos más de los buenos patriotas que pueblan la piel de toro.

Jaque mate en tres jugadas. Genial.

Mientras, Cerebro sigue representando su papel a la perfección. Yo también creía que era nuestro Forrest Gump autóctono, un papanatas que lo veía pasar todo sin hacer nada, sentado con una caja de los chuches en la parada del bus del sistema y con un himno chabacano de fondo.

Y resulta que el tonto era yo.

La alternativa es demasiado espantosa.

 

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Categorizado como POLÍTICA

Por Pep Bras

Escritor y guionista. + de 20 libros publicados. El más reciente, "La niña que hacía hablar a las muñecas" (Siruela, 2014). He escrito para Buenafuente (16 años en El Terrat), la Otero y la Gemio, entre muchos otros.

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