El Superviernes

Como podéis comprobar, tengo una Biblia en casa. No una de esas Biblias de hotel de peli yanki, tamaño bolsillo, sino a lo grande. La tengo justo al lado de la edición Absolute de “Crisis en tierras infinitas”, la más sublime paja mental sobre superhéroes jamás escrita y dibujada. No es casualidad. Para mí, la existencia de un Dios capaz de crear a un ser humano a partir de una costilla (o un diluvio universal a partir de un ataque de mala leche) es parecida a la existencia de Supermán. Fascinante, pero altamente improbable. Así que, para variar, propongo que el año que viene, por estas fechas, montemos unas procesiones dedicadas a venerar a los grandes iconos de Marvel y DC. Yo iré detrás de la santa procesión del Batman incorrupto y del Daredevil de Miller, flagelándome por la resurrección de Elektra y para alejar mis malos pensamientos sobre el Joker. Es igual de friki que lo que se monta ahora, pero al menos no existe la opción de marcar la casilla “Cómic” en el apartado donativos de la declaración de hacienda. O sea, que no jode tanto a los que no comulgan con la causa.

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