El destello

Hoy he ido a visitar a mi padre.

Hacía dos o tres semanas que no lo hacía, porque últimamente salgo muy tocado y luego pasan días que no tiro. Le veo ahí, en su silla de ruedas de la planta 3 de la residencia, tan callado, cada vez más delgado, más poquita cosa, sin reconocerme. Duele.

Así que me pongo como excusa que voy desbordado de trabajo (¿y cuando no?), no voy a verle, y al acabar el día me siento peor. La eterna contradicción humana.

Hoy he hecho de tripas corazón y, como de costumbre, le he llevado algunos de los dibujos a lápiz  que hacía antes, cuando mi padre aún llenaba infatigables cuadernos de garabatos y escritos, cuando aún leía, hablaba, bromeaba, reía. Cuando todo eso, y los poquitos que le rodeábamos, daban dignidad a su existencia.

Hoy, como siempre, al ver el primer dibujo, ha habido un destello en su mirada: “¿Jo he fet això? No me’n recordo.”

No, papa, no te’n recordes.

Pero gracias por dejar que me aferre a ese destello. Quiero creer que es algo así como el big bang de tu existencia, el sol de tu galaxia, una huella digital de lo que fuiste y que sigue ahí, oculta pero indeleble en tu interior.

Y que permanecerá por mucho tiempo cuando, por fin, descanses.

11

Un comentario sobre “El destello”

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.