Si, como dijo aquel, la vida es lo que sucede mientras uno hace otros planes, hoy puedo sentirme más que afortunado. Hace tres años acabé mi primera novela en castellano (que, por aquel entonces, no se llamaba “La vida en siete minutos” sino “El hombre acelerado”, pero vaya, era la misma), y pensé: ¿Y ahora, qué?

Llevaba algún tiempo sin publicar, y por las voces  que oía por ahí el mercado había cambiado. Para empezar, necesitaba lo que nunca había tenido: un agente.

Busqué una larga lista de direcciones por Internet y  empecé a lanzar botellas con mensajes al océano. 

Repito: de eso, hoy, hace tres años.

Mucho tiempo.

UNO hasta que el azar me puso en las manos de la mejor persona que podía tocarme: Teresa Vilarrubla, capricornio, como yo, y alma mater de The Foreign Ofiice, una agencia con autores tan dispares como John Verdon (“Sé lo que estás pensando”) y Jordi Boixadós (“Àngels a l’andana”), este último, curiosamente, ex vecino de Premià.

OTRO para que Teresa tuviera tiempo de ir llamando de puerta en puerta hasta que, milagrosamente, en la editorial con la que yo soñaba desde el primer momento, Seix Barral, dijeron que sí. Apuntad ese momento entre los más felices de mi vida. Me libro de la mili por inútil total, me caso con Nana, nace Alba y se enamoran de mi libro en Seix Barral. Creo que no me dejo nada.

Y EL TERCERO, el más lento: el año que ha tenido que pasar para que todo acabara de tomar forma. Para que las fotos que puse en un principio se convirtieran en dibujos, para que el título cambiara, para que encontráramos la imagen perfecta para la cubierta…

Costó, pero ahí está.

Hoy pienso en todo ese largo camino recorrido, veo el tres de abril, marcado en rojo en mi calendario de sobremesa, señalando que la novela estará, por fin, en todas las librerías.

Y tendría que ser un cyborg para no emocionarme.

Eso es el éxito. El resto es lotería.

Disfrutad con la lectura.

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