Rythm & life

Los deportistas aprenden a ser cada vez más rápidos. Escribir, en mi caso, es lo contrario. A los quince escribí una obra de teatro en un par de horas. A los dieciocho (véase foto en pleno tripi tecleante), una novela de trescientas páginas en un julio y medio agosto. A los veintitrés invertí exactamente veintiocho días (y noventa y nueve folios) en ganar el premio La Sonrisa Vertical.

No lo digo para hacerme el chulo (más bien todo lo contrario). Esto era así: escribía sin esfuerzo (“sin pensar”, he estado a punto de poner).

Ahora he crecido. Lo sabe mi dietista y lo sé yo. Lo único que sigo escribiendo a bote pronto es este blog. Los otros textos (guiones, cuentos, novelas, obras de teatro, hasta listas de la compra) los hago al chup-chup, analizando al microscopio cada párrafo. Llámalo párrafo, llámalo línea, llámalo palabra. El otro día escribí cuatro páginas de un tirón, y al contarlas no podía creerlo. Salí al balcón en pelota picada, gritando “Yujuuuuuu” como Homer Simpson. Casi me da un infarto de la emoción.

(No me lo invento, podéis comprobarlo: el vecino de enfrente tiene cámara y ha colgado el video en Youtube, el muy mezquino. No quise someterme a su chantaje)

Mientras tanto, Alba, la cabrona de mi hija adolescente, se ríe de mi lentitud, y con motivo.

El otro día estábamos hablando de una frikada de las nuestras (ahora lo recuerdo: discutíamos navaja en mano sobre qué video-clip de los geniales OK Go es mejor); de pronto, dijo:

-Aquí te quedas, calvo estúpido. Tengo que hacer una redacción para mañana.

Eran las ocho y diez de la noche. A las ocho y treinta y cinco volvió a salir de su cuarto con seis páginas impresas.

¡Seis!

Era un cuento lleno de incoherencias temporales (del pasado se iba al presente, y de vuelta al pasado alegremente), de adjetivos repetidos, de frases surrealistas que no aportaban nada. No había descripciones, ni siquiera del protagonista.

Era genial.

Y conste que ya lo sé: lo mío es madurez y lo suyo inconsciencia.

En cuanto pueda me chuto algo para estar a su altura.

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