Escucho a Quim Monzó en el programa del Clapés y me hace mucha gracia. Habla de toda esa gente a la que, por estas fechas, le entran unas repentinas ganas de quedar con nosotros para comer o cenar. Gente a la que no hemos visto entre enero y noviembre, con la que hemos mantenido una correcta (por distante) relación vía Facebook y/o correo electrónico, y que ahora, afectada por el espíritu de las navidades inmediatas, necesita con toda su alma tenernos sentados a la misma mesa para sentir que su vida tiene algún sentido. Monzó propone dos respuestas a su petición. Una consiste en decir:

-Lo siento, pero no quiero verte en toda mi vida.

La segunda, algo menos radical, es sugerir que ya quedaremos “después de fiestas”, con la excusa de que, así, estaremos más tranquilos. El truco, por supuesto, es que “después de fiestas” es un período de tiempo que puede ser todo lo eterno que queramos, con lo que, indirectamente, volvemos a la primera opción.

Gracias, maestro, por esta sabia lección educativa. Prometo aplicarla en cuanto pueda.

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