Héroe

Buenas noticias. Mis padres, por fin, vuelven a estar juntos. Era triste/surrealista que mi madre estuviera en una residencia y mi padre en casa, cuidado por una enfermera. En fin, ya pasó. Por fin quedó una plaza libre, y les han dado una habitación de matrimonio estupenda.

-Es como una suite de hotel -No para de repetir mi padre, que ha recuperado el brillo en la mirada.

Y mi madre… bueno, supongo que también estará radiante cuando salga de la tercera depre este año.

El caso es que para financiar la nueva situación (es inmoral lo que cuesta una plaza en una residencia de ancianos en este país), tenemos que alquilar su piso. Y mientras mi hermana y yo empezábamos a vaciar estantes y cajones, con cierta sensación de duelo anticipado, empezó a brotar por todas partes el talento artístico de mi padre. Páginas y más páginas de memorias escritas a mano, álbumes de caricaturas, cuadernos y dibujos diseminados por aquí y por allá. Toda una vida de un ansia creativa apabullante que, todavía hoy, sigue sin abandonarle (el domingo cogió entre sus dedos temblorosos un lápiz e intentó, sin demasiado éxito, hacerle la caricatura número 6000 a Alba).

Los cuatro personajes de arriba los creó con treinta y pocos, para el curso de dibujo que hizo por correspondencia. Sacó un diez en casi todos los ejercicios. Luego, siguió trabajando de carpintero en Can Sampere hasta que se jubiló. No es de Marvel ni de DC, pero amigos: qué orgullo da proclamar al mundo que Josep Bras March, mi padre, es realmente un súper héroe.

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