Camps, punto y coma

Si yo fuera votante del PP, para mí, hoy más que ayer, Camps sería mi héroe. Una víctima colateral del pusilánime Rajoy, que en vez de ganar las elecciones sin despeinarse, como hizo en su momento el ya ex president valencià, va soltando un reguero de caquita por donde pisa. ¡Como si a los electores de derechas les importara un comino (expresión muy de Roberto Alcázar y Pedrín) ver a un presidente autonómico sentado en el banquillo por presunta corrupción! Al contrario: se da por supuesto que, en el país del Lazarillo de Tormes, un tipo que maneja el cotarro tiene que mangonear lo que pueda. Incluso le da cierto plus carismático. En cambio, que Don Mariano le presionara  para salvaguardar la imagen del partido parece, de bote pronto,  un ardid de político mariquita. Un aguerrido líder, un candidato como Dios manda, habría convocado sin dudar una rueda de prensa y habría empezado diciendo: “Buenas tardes. Me la suda que hayan imputado a Camps, porque igualmente me voy a cepillar al mequetrefe de Rubalcaba con la punta del nabo. De este nabo”.

Y bajando la cremallera de golpe y extrayéndolo en toda su viril magnitud, lo habría dejado caer sobre la mesa con un gran estruendo, provocando los vítores de la prensa “especializada”, más concretamente la de El Mundo y Intereconomía. ¡Ya era hora, coño!

O mucho me equivoco, o ese es el tipo de presidente que desea esa fracción de España como revulsivo para salir de la crisis a nuestra manera. Con un par.

Así que a Camps (al que sí me imagino en una escena parecida a la anterior, no así a Rajoy), en el fondo, debe de importarle un bledo (otra expresión muy de Roberto Alcázar, aunque también de mítico doblaje de Clark Gable) que le declaren culpable o inocente por lo de los trajes. Después de todo, le faltan unos pocos meses de transición, antes de empezar su imparable carrera hacia Moncloa.

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