Ambrose Bierce

“Una mañana de junio de 1872, temprano, asesiné a mi padre, acto que me impresionó vivamente en esa época.”

Así arranca “Una conflagración imperfecta”, cuento integrado en la serie “El club de los parricidas”, de Ambrose Bierce (Meigs County, Ohio, 1842). Bierce es un señor que, básicamente, triunfó por sus relatos de terror gótico que lo emparejan con Poe, pero que tocó muchas otras teclas. Su humor negro y surrealista me marcó a los dieciocho años (en 1980 tropecé en la Fira del Llibre Vell i d’Ocasió con un destartalado ejemplar de  “Una tumba sin fondo y otros relatos de horror”); recuerdo que pensé: “Este tío ya escribía como Woody Allen un siglo antes!” Así que me convertí en bierceadicto. Con él he pasado miedo, me he reído como un loco con sus parricidas y su Diccionario del Diablo,  y he saboreado la que, para mí, siempre será su cima literaria, los “Cuentos de soldados y civiles”, una delicia al alcance de muy pocos escritores.

Y para postres, nos legó su agitada biografía, con esa huída al Mexico revolucionario y ese final abierto, fantástico, digno de uno de sus cuentos.

En fin, que a Bierce le debo mucho.

Lo mínimo era dedicarle un blog.

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