El instante

Felip P…

No, un segundo; es demasiado obvio. Mejor lo  llamaremos F.Puig…

F.Puig contempla por enésima vez las imágenes de los mossos desalojando a los “indignats” de la Plaça Catalunya. Y la ira converge en su interior. ¿Es que nadie más se da cuenta de como esos hippies revientasistema provocan a MIS fuerzas del orden? Pulsa la tecla de la cámara lenta y se muerde el labio inferior hasta hacerlo sangrar.

En el monitor, uno de esos payasos piojosos se atreve a acercarse a uno de sus aguerridos chicos de uniforme con una florecilla. ¡Debe creerse que está en los setenta, hijo de puta! F.Puig se obliga a respirar. Un parpadeo.

El plano cambia.

Hay un hombre tendido en un banco mientras cinco mossos se ensañan con él. Lo peor es que hay cámaras grabándolo todo, mierda de prensa. Bueno, seguro que algo había hecho. La policía solo actúa con contundencia cuando es estrictamente necesario, lo sabe todo demócrata.

Oh, vaya.

Otro plano: un minusválido en silla de ruedas recibiendo un par de porrazos de un agente. Bueno, mucho peor no va a quedar, je je je.

Por un instante no puede evitar sonreír ante su ramalazo de ingenio. Si alguna vez abandona la política (que no será a corto plazo, por Dios), siempre le queda hacer monólogos en El Club de la comedia.

De pronto, F.Puig se siente excitado, lleno de vitalidad. Se quita la camisa, prácticamente se la arranca de un zarpazo (el espejo que tiene a su espalda revela el gigantesco tatuaje en forma de espada que cubre toda su columna vertebral, en el filo puede leerse “Iniciativa será despedazada o no será”); coge su látigo de púas y empieza a flagelarse. Saltan jirones de piel y sangre. Grita de dolor y de placer.

Cinco minutos más tarde, ya mucho más relajado, comparece ante la primera rueda de prensa después de los hechos. Un puto periodista le hace una pregunta que él ni escucha (¿para qué si ya tiene ensayadas todas las respuestas y le encanta lo que ha oído?)

F.Puig (las imágenes están ahí en cualquier videoteca, cualquiera puede comprobarlo) abre las palmas de las manos, en un gesto universal que delata sus ansiosas ganas de ser creído. Y entonces sí, entonces empieza su discurso:

-Los mossos han actuado con moderación…

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