El primer pico

Tarde o temprano tenía que pasar, y ha pasado. Mi hija sale con un compañero de clase. Y todavía hay gente ruin que se queja por la crisis… ¿Y qué, si estás en paro, el banco se ha quedado con el piso, tu pareja te ha dejado y mientras mendigabas en cualquier esquina un conductor borracho te ha incrustado en un buzón entre la “Co” y el “Os” de “Correos” y tienen que amputarte unas pocas extremidades? ¡Qué sabrás tú lo que es sufrir, maldito egoísta! ¡Mi hija tiene novio! ¡¡¡¡Con sólo doce años!!!

“Respira hondo, son cosas de niños”, me dice mi mujer, como queriendo restarle gravedad al asunto. Ya, ya, pero el maromo existe, no es ningún ligue de “Los Sims 3/ Al caer la Noche”.  Alba me llamó ayer, con el corazón latiéndole por la garganta, para contarme la exclusiva antes que al Hola. Luego, cuando pude abrazarla y darle mi felicitación, me mostró su foto. Tiene pinta de buen tío. Es rubio, se llama Jordi y, como todos los varones a esa edad, parece bastante más crío. Más crío que las niñas de su quinta, en general, y mucho más que Alba en particular, que calza un 39 y ronda el metro setenta. Pero bueno, cosas peores se han visto (aunque lo del Fary y Ava Gardner, al parecer, sea leyenda urbana).

Sin ahondar en los detalles, el estado actual de la relación es que el viernes se dijeron el uno al otro que se querían, pero había tantos espías de sexto observándolos que les dio corte darse el primer piquito. Han quedado en hacerlo otro día a escondidas. No diré cuándo ni dónde para preservar su intimidad.

Por un lado tengo que decir que me alegro por mi niña, porque la veo muy feliz y porque sé que lee este blog. Pero al mismo tiempo (para qué engañarnos), jode. Y jode porque comprendo que ha empezado la cuenta atrás, noto lo poco que falta para perder “esos” momentos. Como cuando Alba (todavía) se monta descalza sobre mis zapatillas  para bailar juntos la canción (nuestra canción) que voy  tarareando en un susurro. Seguro que todos los padres tenemos escenas así.

En fin.

Cuando llegue, disfruta ese primer pico, cariño. Dicen que se recuerda siempre.

Y por mi parte, habrá que ir acostumbrándose a sentir los pies ligeros.

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