Respeto

Voy a intentar ser políticamente correcto. Estoy hasta los cojones de la visita del Papa. Ayer cenaba viendo las noticias y todos los canales pincharon en directo para mostrar el leeeeeeento aterrizaje del santo avión en El Prat. Era un avión normal. No lo traía volando un ejército de querubines. Y dudo que tuvieran el chivatazo de que iba a explotar en el aire (¡Qué gran gag hubiera sido, digno de los Monty Python!) Así que, ¿dónde estaba la noticia hasta el momento en que el Hombre de blanco apareció en la puerta del avión escoltado por sus hombres de negro? Hace tiempo que sabemos que los aviones aterrizan. A veces, incluso, sin problemas. Conclusión: o Dios controla los medios o estos nos toman por gilipollas.

En este punto voy a ampliar mi mala hostia: estoy hasta los cojones de ser respetuoso. Empiezo a sospechar que la palabra “respeto” es un invento de los de derechas para seguir dando por saco. Tres ejemplos: 1) Como hay libertad de expresión, hay que permitir que los políticos racistas se expresen, sembrando el odio entre la gente. Y que se jodan los inmigrantes. 2) Como hay democracia, hay que permitir que los magistrados fachas decidan que hay que dejar de hurgar en la guerra civil, no sea que acabáramos haciendo justicia por casualidad. Y que se jodan los familiares de los perdedores de la guerra. Y 3, y por la misma regla) Como este es un país laico, hay que montar tal pollo a lo míster Marshall con la visita del Papa que los alrededores de la Sagrada Familia parezcan un estado policial. Y que se jodan los okupas desalojados, los pobres vecinos y los que pasamos de sotanas y mocasines rojos (Ratzinger pide a gritos un cameo en el Armario de Josie, ¡pero ya!)

Pensad un momento qué sucedería si fuera justo al revés y viviéramos en un país católico. Dudo que se destinara ni un solo euro a garantizar la seguridad de una mani pro uso del preservativo, por ejemplo.

Pues bien, no me parece equitativo. No soy creyente (por si alguien no lo ha notado aún), pero creo que si lo fuera estaría igual de cabreado. Porque una cosa es  la religión católica y otra bien distinta esta camarilla de gangsters con sotana que usan la palabra de Dios como coartada para montarse en el dólar, tener su propio estado con pinturas de Miguel Ángel en el techo  (manda huevos) y pavonearse por  el mundo haciendo que los políticos babosos les besen el anillo mientras ellos reparten lecciones morales sobre algunos temas (el aborto, el matrimonio gay) y, en cambio, echan balones fuera sobre otros (la pederastia o el papel de la mujer en su organización). Qué asco. Si yo fuera creyente esta mañana iría a recibir al Papa, sí, pero con un cinturón de explosivos a punto de ser accionado. Por simple respeto hacia mi religión.

Amén.

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