La risa

Esta noche (hace unas pocas horas) he intentado leerles un cuento a Nana y a Alba. No uno de mis cuentos sino uno bueno, estupendo: “La vida gris”, el que arranca el volumen recopilatorio “La palabra del mudo”, de Julio Ramón Ribeyro. Basa su perfección en un tono conciso y triste, que desde la primera frase va dando vueltas concéntricas en torno a la desesperanza hasta que culmina en un final tan inevitable como desgarrador. Pues bien: llevo un escaso minuto leyendo  cuando a mi mujer le da un ataque de risa. Sin motivo. Simplemente, de pronto, suelta una carcajada, intenta parar, dice aquello de: “Perdona, sigue, sigue”.  Lo intento, y (por supuesto) nueva carcajada. Y yo, que tengo sueño, y que me esfuerzo por leer de noche más por mi hija de once años que por otra cosa (resucitar la tradición oral es uno de mis anacrónicos intentos de amasar a una futura lectora entre tanta yonki de las redes sociales), voy y me cabreo. Inevitablemente, a Alba le parece tan graciosa mi actitud que no tarda en sumarse al ataque de risa de su madre. Y yo estallo: “¡A la porra, ya no leo más!” Y ellas que lo intentan, les sabe mal y quieren parar, pero no pueden, mientras las lágrimas les caen a borbotones de los ojos. No se lo reprocho. Visto con perspectiva, he debido de parecer tan cómico como el petulante doctor Frasier cuando algo frustra sus deseos.  Es decir: me he portado como un tonto y les debo una disculpa a las dos. Al fin y al cabo, ningún cuento, por bueno que sea, debería nunca, jamás, interrumpir una perfecta risa espontánea. Supongo que el título del libro era premonitorio: “La palabra del mudo”. Porque a veces, para completar la mejor frase de un relato, uno debe de saber callarse a tiempo. Y en mi caso, cambiar el silencio por la risa.

0

Por Pep Bras

Escritor y guionista. + de 20 libros publicados. El más reciente, "La niña que hacía hablar a las muñecas" (Siruela, 2014). He escrito para Buenafuente (16 años en El Terrat), la Otero y la Gemio, entre muchos otros.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.