¿Berto Bras?

Andreu me manda esta imagen (el copyright es suyo) con la inquietante pregunta que he usado como título del post: ¿Berto Bras?

Y lo hace minutos antes de la medianoche, lo justo para tenerme en vela y en vilo hasta la madrugada, dando vueltas a mil y una cuestiones sobre los parecidos razonables, el doble y el doppelgänger (que vendría a ser lo mismo, pero en pedante), y preguntándome lo inevitable: ¿Qué ocurrió entre mi madre y el padre de Berto? O viceversa.

Mira… porque estos días ando un poquito liado; que, si no, el arranque daba para un novelón.

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Las buenas noticias

Qué semana más extraordinaria, llena de buenas noticias.

Cronológicamente, la primera fue el regreso de Buenafuente a la televisión. Ya era hora. «En el aire» demuestra que Andreu, Berto y compañía siguen en plena forma y, además, su flamante juguete posee un ritmo a lo programa de radio, más loco, más gamberro, que le sienta muy bien a esas horas.

Luego vino la entrega de los Ondas, con dos premiados a los que profeso no sólo admiración, sino un cariño que debería poner celosa a mi mujer (ellos lo saben): Jordi Évole y Óscar Dalmau. A Jordi le tuve como alumno de Redacción Periodística en l’Autònoma, y Òscar fue mi mano derecha en El Terrat de ràdio Barcelona durante una temporada. No diré que son «mis niños» porque a) la expresión me da repelús; b) biológicamente es poco probable; y c) sinceramente, no creo que les enseñara nada, los dos venían enseñados de casa. Pero emociona ver a dos seres con patitas y bracitos a los que quieres tanto recoger los frutos de su curro y su talento, la misma noche, en el mismo sitio, casi a la misma hora. Lo pones en una novela y no se lo cree ni Paul Auster, que es el gurú de la gran enciclopedia del azar.

Y, como remate, el anuncio del regreso de los Monty Python. ¡Dios! Uno tiene que ser muy, muy soso, para que el corazón no le dé un vuelco de alegría imaginando a estos Rolling Stones del humor volviendo a pisar un escenario (aunque sea por una última vez).  Hace poco, viendo el anuncio de la lotería de navidad, tuve una especie de visión. Juro que, por un segundo, me imaginé a los dos Terrys haciendo de Montserrat Caballé y a John Cleese de Raphael.  Y pensé: «Qué pena que no sigan en activo». Al parecer, mi deseo se cumplió. Eso sí: el anuncio de lotería se sigue emitiendo.

Firmo para que todas las semanas sean como esta. Aunque conociendo al showrunner que escribe las tramas y subtramas de la vida, supongo que no. Porque en la vida pasa como en la serie «Carnivale»: siempre que el protagonista, Ben Hawkins, hace un milagro, al mismo tiempo sucede algo nefasto.

Supongo que el lunes que viene Wert se levantará con alguna idea.

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