Higgs y la teoría del AKI

Mira por donde, acabo de descubrir que existe una cosa llamada “Partícula de Higgs”, o “Bosón de Higgs”, o “Partícula de Dios”, según versiones, y que los científicos llevan años buscándola. Pues bien: parece que hoy pueden haberla encontrado (ver foto arriba).

Yupi.

Uau.

Ya. ¿Para qué seguir fingiendo?

Me gustaría compartir su entusiasmo, pero a la que me he puesto a leer cosas sobre este tema me he sentido como Sergio Ramos en un episodio de “The big bang theory.”

Supongo que aquí está la gracia del género humano: lo distintos que somos, empezando por las aficiones. Si a todos nos pusieran cachondos las mismas cosas sería un muermo.

Es lo que yo llamo Teoría del AKI. ¿Habéis ido alguna vez a esta especie de Sex shop del bricolaje? Vale la pena. No por comprar nada, sino por fijarse atentamente en las caras de vicio de sus clientes, la tribu de Los Manitas. Avanzan en manada, hipnotizados y babeantes, por los pasillos de rollos de cinta adhesiva, se pasan horas para decidir qué tipo de pintura de exteriores escogerán, si la AZ678 o la AZ765, que es como la AZ794 pero un poco más mate. Ellos no lo saben, pero si pasara por ahí un productor avispado podría convertirlos en una serie cojonuda:  WDC: Walking Dead Chapuzas. Ya tengo hasta el eslogan: “Para seguir vivos, solo necesitaban algo para reparar.”

Y esa es la teoría AKI: esa gente, en el fondo, es como todos nosotros. Todos tenemos nuestra cosa “absurda”, ridícula, que nos hace sentir vivos.

Yo me comporto exactamente igual que ellos en el FNAC o el Media Markt. Incluso babeo más ante un buen libro, un comic, una peli en edición coleccionista.

Un culé ultra rejuvenecerá diez años de golpe viajando esta semana al Japón para animar a su equipo.

Los del acelerador de partículas que presuntamente han encontrado la dichosa partícula de Higgs (sea lo que demonios sea) se sentirán los putos amos del mundo, y seguro que esta noche echan un polvo antológico para celebrarlo.

Lo mejor es que se van creando compartimentos estancos de cada afición, y los otros, los que no las compartimos, contemplamos a los que sí con una mueca de extrañeza, como si fueran bichos salidos de una vaina.

Y así vamos tirando.

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