Los sueños

Quién fuera Freud a principios del siglo pasado. Siempre que voy al cine me pasa lo mismo. Voy a ver “El caballero oscuro” y salgo queriendo ser Batman circulando en mi batmoto por las calles de Gotham. Salgo de ver “Un método peligroso” y me gustaría ser el padre del psicoanálisis para hacerme el chulo analizando los sueños. ¡Dios, como molaría! Ponerme mi puraco en la boca y  escuchar al loco de turno tumbado en la chaise-longue.

Diría él, por ejemplo:

-En mi sueño, doctor, ando desnudo por una cueva tenebrosa.

Y yo le diría:

-Obviamente, la cueva es un hospital de la seguridad social en Catalunya. Han recortado en bombillas y en batas para los pacientes. Por eso va usted en bolas y a oscuras.

Y todo el rato así.

A lo mejor es una impresión mía, pero los sueños han pasado de moda. Los psicólogos, que se cansaban de encontrar connotaciones sexuales a todo, ahora prefieren los test. Son más limpios.

La consecuencia indirecta es que en el siglo XXI ya casi nadie se acuerda de lo que ha soñado. Intenta recordarlo, pero cuando teclea “Sueño que he tenido hoy” en google raras veces le sale algo familiar.

Os cuento el que he tenido esta noche.

Llamaban a la puerta. Yo me acercaba a abrir, pero antes miraba por la mirilla. Entonces descubría que era una vecina. Parecía muy impaciente. Yo intentaba decirle: “Tranquila, ya te abro”. Pero no podía, porque en el sueño (como en la vida real todas las noches) llevaba una placa de descarga en los dientes.

Entonces me he despertado.

No os he dicho que fuera un gran sueño.

No, si al final van a tener razón los psicólogos.

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