Mundos paralelos

No se esconden. Al contrario: salen a diario en las noticias, con sus trajes de Hugo Boss, sus cochazos pornográficos, sus guardaespaldas y sus gestos y sus discursos de puta madre ensayados ante el espejo. Son los amos del mundo, los que a fuerza de viajar  tanto en vagón de primera, de comer exquisiteces de Ferran Adrià, de codearse con banqueros vampiro, empresarios sanguijuela, militares hijos de puta, curas pervertidos y otros alienígenas con tanto o más poder que ellos, han llegado a creerse que el mundo es así, y que es un pastel que les pertenece. Recortan sanidad, educación, cultura. Pero seguimos viéndoles en las noticias con sus sonrisas  de Joker, sus corbatas de seda, sus zapatos italianos. Qué asco, por favor. Siguen  existiendo Senados inútiles, dobles Parlamentos europeos. Les seguimos regalando Ipads para que puedan meneársela por la noche en su hotel de cinco estrellas. Sospecho que hasta el papel higiénico les sale gratis, suponiendo que no tengan a un ujier encargado de dejarles el esfínter reluciente.

Y lo peor es que la culpa no es suya. Llevan tanto tiempo viviendo en un mundo paralelo al nuestro que, probablemente, han olvidado lo que es viajar en Metro con eso que llaman gente, comer en una pizzería, llegar con números rojos a final de mes. ¿Y qué puñetas les importa, si saben que los electores, abrumados por su hermosura y por su don de oratoria sin par, les seguirán votando como gilipollas?

No digo ahora. Ahora ya está hecho, y vienen cuatro años apasionantes, de puro divertimento. Pero a lo mejor algún día habrá que liarse la manta a la cabeza y votar a Batman, a Snoopy o a Tintín. A alguien más real que esos capullos. A ver qué coño pasa. A lo mejor se arregla el mundo.

0

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.