País de vagos

Menos mal que, por fin, nuestros sabios gobernantes han comprendido quién tiene la culpa de la crisis. Lo soltó como un globo sonda, en rueda de prensa, Mas-Colell (Premi Sant Jordi al mejor profesor chiflado en el papel de conseller d’Economia): a lo mejor los funcionarios tienen que trabajar más, o ganar menos. Y el President Jordi Pujol fue aún más lejos al día siguiente, charlando con el gran guru de la comunicación catalana Josep Cuní (una persona normal tardaría siglos en saber combinar tan bien como Cuní las gafas con las corbatas): “En aquest país es treballa molt, però malament. Cal que treballem millor.” 

Acabáramos. Qué burros hemos sido, creyendo todo este tiempo que lo que nos daba por saco era la consecuencia de que unos pocos lleven tanto tiempo forrándose a nuestra costa, y que el único remedio a todo este embrollo era pegarle el tiro de gracia a un sistema que se hunde más deprisa que el Titanic (y donde los cuatro ricos de siempre son Kate Winslet y el resto, los que nos vamos al fondo, el pringado de Leo di Caprio, ahogado por  un polvo rápido -ni eso, con elipsis- con la chica rica y con sobrepeso).

Pero no, repito, qué burros hemos sido: la culpa es del tópico español de toda la vida: aquí no se pega un palo al agua. En cuanto nos pongamos a currar como Dios manda, es decir, como los alemanes (esos sí que saben, coño, solo hay que ver qué chupada de polla, perdón, qué panegírico exultante, les dedicó Artur Mas en la presentación del Q3 en la Seat), nos metemos en la cresta de la ola europea. Oh yeah.

Y ya está, parece fácil, pero había que pensar en ello: en vez de perder el tiempo dando vueltas a  teorías paranoicas de perroflauta que no llevan a ninguna parte (como que todos los tipos trajeados que tienen un cargo importante son unos hijos de la gran puta conchabados con otras sanguijuelas de su misma calaña y que, entre todos, han montado este Asalto al Tren Correo de Glasgow a lo grande llamado “Crisis económica”) hay que ser positivos y reservar  energías para trabajar. Cuando haya trabajo, claro.  Con alegría.

¡Ah! Y que no se os olvide: visca Catalunya! Poned adhesivos bien grandes en las matrículas.

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Por Pep Bras

Escritor y guionista. + de 20 libros publicados. El más reciente, "La niña que hacía hablar a las muñecas" (Siruela, 2014). He escrito para Buenafuente (16 años en El Terrat), la Otero y la Gemio, entre muchos otros.

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