Usos atópicos

Hablo de libros con mi amigo Joan Artigas. A él sí le gustan las novelas históricas. Alega que le sirven para conocer hechos del pasado. Sabe que podría conocerlos más a fondo consultando directamente libros de historia, pero se le hacen farragosos. Prefiere que un hábil novelista seleccione datos, se los sirva masticados y adornados con una historia de ficción que le mantenga el interés en vilo.

La postura de Joan no responde solo a una moda literaria. Es una característica global de nuestros tiempos. En general, cada vez usamos más casi todo para lo que no sería su función original. Leemos novelas para aprender historia. Nos vestimos para seducir. Nuestro coche no nos lleva, nos presenta al mundo (sólo hay que ver los anuncios). Deseamos el último móvil para todo menos para hacer llamadas. Compramos el producto alimentario X no porque nos vuelva loco su sabor, sino por su rendimiento colateral:  no engorda, es bueno para el colesterol, aporta calcio para los huesos  o L Cassei Inmunitas contra los resfriados. Llegan unas elecciones y votamos no por convicción (porque ya no quedan ideologías) sino porque no votar ya se hizo durante cuarenta años y aún era más triste. Cada vez hay más gente que no viaja por placer sino por ansiedad o por afán coleccionista. Los primeros intentan huir una vez al año de su atroz vida de esclavo. Para los segundos el mundo es una larga lista de lugares donde hay que poner el pie para, luego, poder pasar el video-souvenir a sus desdichados amigos, los que no viajan tanto.

Hasta hace poco, mucha gente compraba los pisos no para vivir, sino como inversión.

Espero que el resto termine mejor.

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