Navidad

Sé que no queda intelectual decirlo, pero no odio la navidad. Al revés. Todavía no. De niño me encantaba por la triple dosis de regalos: el cagatió, mi cumpleaños y los Reyes. Más adelante por las farras de sexo, drogas y Rock&Roll de Nochevieja y por la cándida ilusión de mis tres sobrinas: Ia, Marina, Eva.

Entonces llegó Alba y diciembre se convirtió en el mes más frenético del año. Encontrar lo que estaba en su diabólica lista era un reto agotador: como todas las peques del planeta, la mía tenía la extraña habilidad de pedir siempre lo que se agotaba antes.

Ahora vivimos el período post-revelación.

Quiero decir que Alba, que ya está tan alta como su madre, hace dos o tres años que conoce El Gran Secreto, pero poco ha cambiado. La noche de Reyes sigue acostándose  con los mismos saltamontes inyectados de cafeína en el estómago. Eso sí: nos ahorramos la comida del tió, la cola para echar la carta y los cuencos de carburante para los camellos de sus majestades. Hay crisis.

El resto sigue imperturbable, con tres puntas de iceberg: la pantagruélica cena de nochebuena en casa de mi adorada suegra Mabel (la Billie Holliday de la botella de anís del mono), la comida al día siguiente en casa con los dos pasteles cada vez más cubiertos de velitas (mi Tusa cumplió ayer 58, yo cumpliré diez menos pasado mañana) y la cena de fin de año con el grupo de siempre: Joan, Anna, las dos Lydias, Emili, Josep, Xavi, Gemma, Paulí, Eva… y sus retoños, cada vez menos niños y más adolescentes.

Luego arrancará el año nuevo y encontraremos cualquier excusa tonta para vernos con Mari, Edu, Paula y Begoña, nuestro cuarteto de hermanos de sangre en el exilio.

Año tras año ese es el retrato de mi previsible, rutinaria, Navidad. Y así está bien. Quizá algún día no muy lejano me apetezca hacer un gran viaje a años luz de mi mundo cotidiano. De momento, me conformo con dejar de galopar como un imbécil atado a una hipoteca y disfrutar de algunos leeeentos paseos a pie.  Y esto, que es tan chulo, me ocurre en Navidad y pocas veces más.

 

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