La larga espera

No puedo saber cómo se sienten los otros escritores cuando dan a leer su última novela a alguien. En mi caso hay una palabra horizontal de doce letras y con varias eses que lo define bastante bien: No,zarrapastroso tiene trece. Me refiero adesasosegado. Es como si mi bebé acabado de nacer se fuera de colonias y yo tuviera que quedarme a esperar en la parada del bus. Aún le estoy diciendo adiós con la manita y ya me asaltan las primeras dudas. ¿Estará preparado para ir solo por el mundo? ¿Les caerá bien a los demás? ¿Debería haber esperado un poco más antes de soltarlo? Tal vez peinarlo de un modo más moderno, comprarle ropa de marca, hacer que perdiera algo de peso. En cuanto vuelvo a casa me paso días repasando su fotografía. E inevitablemente, mi querubín, al que horas antes consideraba el más chulo del mundo, empieza a llenarse de defectos. Le veo ojos bizcos. Piel amarillenta. Nariz de Señor Potato. Pienso: qué vergüenza. ¿Cómo he tenido el valor de mostrar al mundo un engendro parecido?

El otro día, Eva, una amiga-compañera del trabajo a la que había pasado “El hombre acelerado” hacía nada, un par de siglos, me mandó un mail precioso. Empezaba disculpándose por haber tardado tanto a darme su opinión. No se atrevía, me dijo después. Le había gustado tanto que no quería parecer pelota.

Hay otros que aún no han respondido. No sé si por qué el libro-bebé les mola tanto o tan poco que les da corte decirlo, o simplemente porque no han tenido tiempo de leerlo. Les comprendo. Yo también me encuentro a menudo en ese lado de la barrera, cuando un desaprensivo  me pasa algo sobre lo que tengo que opinar. Por mucho que quieras a esa persona siempre es una putada, una especie deobligación que viene a joder tus ratos de ocio.

Pero como padre que sigue esperando en la parada del bus, el mail de Eva fue un alivio. Como lo fueron, en su momento, los comentarios de Nana (mi Nana, la primera siempre en leerlo todo), Judith, Eva Alonso, Joan y Anna, Jordi, Miguel, Marta y Oriol, Gemma, Teresa y Elena (mi agente y mi editora, las mejores), y Carmen y Begoña y el resto de primeros lectores que empezaré a recordar un segundo después de publicar este blog (siempre me pasa).

A todos, gracias. Ver regresar a mi niño de colonias con amiguitos  nuevos. Buf, qué pasada.

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